Chequen el tamaño de la pata del león. Disfrútenlas.
sábado, 13 de enero de 2007
El león agradecido
Chequen el tamaño de la pata del león. Disfrútenlas.
domingo, 31 de diciembre de 2006
Antojos Tapatíos (2)
Pero he de destacar que entre las cosas que me parecen increíbles son el encontrar por lo menos en cada calle una tostadería o algún puesto de tortas ahogadas.
En las primeras, lo que venden son las clásicas tostadas de cueritos o de pata de cerdo, pero también las hay de ceviche de pescado (magníficas, por cierto); y a diferencia de lo que se acostumbra en el centro del país, aquí no hay ni de tinga ni de cochinita pibil. Y fue precisamente en la búsqueda de ese tipo de antojito que me encontré con otro lugar que llamó mi atención en sobremanera: La Taberna de Moe.
Mi visita a Guadalajara no habría estado completa sin ir a comerme una hamburguesa a las afueras de la Escuela Normal de Maestros. ¿Qué tiene de especial comer una hamburguesa en un puesto ambulante?, se preguntará el respetable. Pues bien... mmmm (Cf. cara de travesura realizada) sólo diré que son de aproximadamente 20 cm de diámetro y que uno las prepara a su gusto ¿necesito decir más?
domingo, 24 de diciembre de 2006
Antojos Tapatíos
Hoy por la tarde que llegué, una vez que literalmente arrojé mi maleta a la recámara, bajé presuroso las escaleras de la casa de mis abuelos para dirigirme al mercado de Santa Tere para buscar satisfacer algunos de mis antojos.
Caminando ya de camino a casa de mi tía me encontré con la famosa birriería de Santa Tere, un restaurante-museo de las Chivas rayadas... el olor de la birria de chivo me hizo salivar pero tuve que resistir la tentación. Seguí caminando y me encontré con dos tostaderías cuyas especialidades son las tostadas de pata de cerdo y las de cueritos. Este par de especialidades no figuran de entre mis favoritas, pero conozco a algunos que el sólo mencionarlas les provoca singular alegría.
Finalmente, no podrìan faltar los numerosos puestos de tortas ahogadas... Mañana será el día de degustarlas... mmmm.
miércoles, 20 de diciembre de 2006
Eragon
Aquí, los responsables optaron por los espacios abiertos con paisajes cautivantes filmados en Eslovenia, Hungría y la Columbia Británica (Canadá), en conjunción con la ya indispensable técnica de la pantalla azul (blue screen).
Sin embargo, a pesar de que para la producción se invirtieron cerca de 100 millones de dólares, se percibe una gran falta de profundidad en lo que se refiere al universo fantástico de esta novela, sobretodo si lo comparamos con El Señor de los Anillos (The Lord of the Rings, 2000-2003). Sí, yo se, las comparaciones son odiosas, pero en este caso es imposible no pensar en la adaptación cinematográfica de Peter Jackson.
Lo que me lleva a un tema aún más escabroso: el guión. Reconozco que no he leído la novela, pero el script de Eragon padece de la misma enfermedad que tuvieron las dos primeras entregas al cine de la saga de Harry Potter, a saber: su adaptación al séptimo arte consistió en pasar, literalmente, pasajes completos del libro al cine. El resultado: una trama forzada con diálogos planos y en algunos momentos difícilmente comprensibles para los "no iniciados" en la mitología Alagäesiana.
sábado, 16 de diciembre de 2006
La cocina coreana vs Josef
Cuando practicaba Tae-Kwon-Do, por ahí de 1987, le pedí a mis padres que de cumpleaños me llevaran a comer a un restaurante de comida coreana, por aquello de conocer más acerca del arte marcial que estaba estudiando y porque los Juegos Olímpicos serían en la capital de ese país al año siguiente.
Llegó la fecha de mi onomástico y fuimos al que en ese entonces era el único restaurante de la especialidad en la ciudad de México. Se llamaba el "Pabellón Coreano" y estaba ubicado en la Zona Rosa (Estocolmo #16, entre las calles de Hamburgo y Paseo de la Reforma).
De ese primer encuentro con la gastronomía del país de la Calma Matinal, recuerdo que en la mesa había al centro una parrilla semejante a las de los restaurantes que preparan tepanyaki (cocina japonesa), que lo que nos sugirieron para comer lo traían en unos frascos de conserva que, en palabras de mi querida hermana, "olían a podrido" (en realidad estaban fermentados). Éstos se ponían en la plancha para asar y se llevaban a un plato con una salsa extremadamente picosa y con un predominante sabor a ajo.
Para no hacer el cuento largo, ese día termine comiendo verduras rayadas, y nunca más hemos vuelto a degustar este particular estilo de cocina... Hasta ayer.
Imaginen la escena:
Viernes de quincena, filas interminables en todos los bancos. Sí, en todos los bancos de la Zona Rosa; miles de usuarios que iban a cambiar cheques, pagar servicios y tarjetas, cambiar divisas, et all... 16:30 horas y sin nada en el estómago desde el desayuno de las 06:00 horas. El buen Josef tiene ¡mucha! hambre.
Una vez que ha salido del pandemonium bancario va caminando sobre la calle de Amberes pensando en las "profundidades del pan tostado" y "la inmortalidad del cangrejo" (es decir, en nada en particular), cuando de pronto un súbito olor lo devuelve al plano material de la existencia mediante el arco reflejo del reclamante estómago.
Su reacción inmediata fue dirigir el agudo sentido del olfato cual sabueso hacia el origen de aquella placentera escencia. A unos cuantos pasos de distancia aparece un anuncio que dice: "Restaurante Cheang Ki y Ya. Comida Coreana, Oriental y Sushi. Buffet $79 pesos".
Las tripas gruñen con creciente intensidad así que eflexiona por un momento considerando la experiencia anterior y concluye que si de nueva cuenta no le convence lo que va a comer, podrá acabar degustando sushi o fideos largos sin problemas.
El lugar era angosto, con decoración casi inexistente. Las paredes con tirol en color blanco. El restaurante está dividido en tres secciones, las que están junto a la recepción asemejan gabinetes como los que existían en aquellos viejos cafés de chinos del centro histórico con sus sillones de piel y sus paneles de madera. No había nadie en aquella zona.
La segunda sección, la cual se encontraba casi vacía, tenía una docena de mesas de tamaño pequeño, cuadradas. Con vista a la calle se encontraban las mesas del buffett, una para platillos calientes; y otra para los fríos donde se encontraban los rollos de sushi, las ensaladas y los postres. Finalmente la tercera sección se encontraba al fondo del restaurante, zona en la que se encontraban sentados únicamente miembros de la creciente comunidad coreana de la ciudad. Cabe destacar que lo único que separaba la ambas secciones era un biombo retractil.
Los meseros (3, hasta donde pude identificar), mexicanos todos, sin la más mínima preparación para atender a los comensales. Jamás me recibieron al entra al local, y ya no digamos me dirigieron hacia donde sentarme.
Ya instalado en la mesa y una vez que pedí un refesco de cola (no tenían ninguna clase de té), sugerí me mostraran la carta para que así me recomendaran algún platillo. Su respuesta: arrojaron la Carte de Menu a la mesa con un "permítame" como justificación, tan sólo para atender servilmente a un par de jovencitas del país extranjero en cuestión quienes en ese preciso instante habían pedido su cuenta.
Dado que el mesero en cuestión desapareció (no regresó a tomarme la orden), me puse de pie para dirigirme a la mesa del buffet. Los platillos olían bien, pero no había ninguna descripción de lo que había en cada una de las charolas.
Tome un plato, me serví un poco de cada platillo de la mesa de las especialidades, tomé un juego de palillos (chop sticks) y me dirigí de regreso a la mesa. Di el primer bocado a un trozo de arroz. Instantáneamente vino a mi mente el emblemático recuerdo del sabor a fermentado. Probé entonces unos cebollines (nabules), estaban salados, pero eran preferibles al arroz.
Seguí con unos rollos primavera versión miniatura, los cuales estaban crocantes, cual debe ser; carne de res en salsa de soya y chiles, picosa, pero de sabor agradable; Y un poco de carne en salsa agridulce, pero al darme cuenta que la vianda era era en realidad cerdo, la dejé. Me dirigí nuevamente a la mesa del buffet para coger otro plato y servirme sushi. Tristemente ya no había, los 4 o 5 mexicanos que estabamos ahí al parecer habíamos coincidido en pensamiento, así que terminé, nuevamente, comiendo verduras, en este caso, ensalada de lechuga con pepino y jitomate.
Tras probar unas fresas con crema como postre, pedí la cuenta en tres ocasiones. Pasaron cerca de 10 minutos (con el restaurante casi vacío, debo enfatizar) antes de que ésta llegara. Puse el dinero correspondiente y como no pasaban a recogerlo, sin más, salí del lugar.
Así que van dos experiencias negativas con la cocina de uno de los más bellos y emblemáticos países del mundo. Pero hay que decir que los dueños, coreanos por supuesto, de este restaurante deben escoger mejor al personal que trabaje para ellos.
miércoles, 6 de diciembre de 2006
God Only Knows (+ Love Actually)
I may not always love youBut long as there are stars above you
You never need to doubt itIll make you so sure about it.God only knows what Id be without you.If you should ever leave meThough life would still go on believe meThe world could show nothing to meSo what good would living do me.//God only knows what Id be without you//.If you should ever leave meWell life would still go on believe meThe world could show nothing to meSo what good would living do me.////// God only knows what Id be without youGod only knows what Id be without youGod only knows ///////.
Entre sus extras se encuentran los videos de All at Sea (atención, Juliux), Photograph y These are the Days; asimismo, intercalado en el concierto aparecen algunas pequeñas entrevistas y declaraciones del cantante desde algunos de los multiples puntos del mundo en los que ha ofrecido conciertos.
Pero lo mejor de todo es que uno de los temas que canta en el concierto el enfant terrible du Jazz es precisamente....
Sí, God Only knows, mismo que interpreta magistralmente, en una versión que por razones obvias recuerda a sus intérpretes originales, pero que, acompañado de un cuarteto de violinistas, Cullum le da ese sello tan peculiar que tiene de fusión entre el pop y el jazz. Sin más, les invito a disfrutarlo. Tan sólo den click en la imagen que aparece a continuación.
viernes, 1 de diciembre de 2006
Realmente Amor (Love Actually)
Sí, muchos coincidirán en que es un filme que raya en el extremo de lo cursi; sí, pareciera que fue hecho exprofeso para el mercado de las fiestas –y compras– decembrinas, también pareciera ser cierto que a este blockbuster dirigido y escrito por Richard Curtis buscaron retacarle hasta su máximo posible la "justificación" de que se trata de una historia –mejor dicho, 10 historias– navideñas.
Este rompecabezas de historias inicia, precisamente parodiando el tema principal de las Cuatro Bodas y un Funeral: Love is all Arround, sólo que "adaptándolo" a las navidades, todo para que una ex estreña del punk, ex adicto a la heroína, Billy Mack (Bill Nighy), el personaje más divertido del filme, pueda volver a recuperar aunque sea un poco de su ya olvidada fama.
De ahí, la historia cambia a la de Jamie (Colin Firth –en su papel de siempre–) un escritor que está por salir de su casa para asistir a una boda; de ahí, nos mueven a un edificio de oficinas para presentarnos a Colin Frissell (Kriss Marshall), un desesperado y osbsesivo treintón –perro, en lenguaje coloquial mexicano– que busca llamar la atención de cualquier fémina por cualquier medio; la cámara se mueve ahora para presentar a Mark (Andrew Lincoln) y a Peter (Chiwetel Ejiofor) quienes están platicando de las desventuras de la despedida de soltero de éste último momentos antes de iniciar la ceremonia en la que contraerá matrimonio con la bellísima Juliet (Keira Knightly), y así sucesivamente la historia va pasando agilmente de historia en historia durante poco más de dos horas hasta su desenlace.
Hay muchas escenas que considero de mis favoritas, como aquella de la boda en la que a los novios, al final de la ceremonia, sorpresivamente les cantan una de las mejores canciones de The Beatles: All you need is love.
O aquella en la que un chavito de como 11 años, Sam (Thomas Sangster) está al parecer encerrado en una depresión por la súbita muerte de su mamá... Y cuando todo parece indicar que así es, y su padrastro (Liam Neeson) también así lo cree, resulta que que el precoz joven en realidad está enamorado y dispuesto a cualquier cosa para que la niña en cuestión le haga caso.
Y que decir de las escenas en las que el protagonista es Hugh Grant en el papel de un Primer Ministro del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del norte, soltero, que está enamorado de una de sus asistentes, Natalie (Martine McCutcheon) y que, tras darle un un revés diplomático al presidente de los Estados Unidos (Billy Bob Thorton) se pone a festejar, a semejanza de Tom Cruise en Risky Bussiness, bailando por toda la residencia oficial de Downing Street.
O aquella otra en la que se dispone a buscar a la mencionada Natalie por la "calle más larga de todo Londres", puerta por puerta y casa por casa, y en una de estas un trío de niñas lo orillan a cantar villancicos.
Y así podría seguir enumerando los pequeños y grandes momentos de esta obra cinematográfica, de la cual, también su banda sonora, compuesta por Craig Armstrong, y el soundtrack recopilado para la misma son inovidables.
De éste, el mejor de los temas es, sin duda, Songbird, interpretado por Eva Cassidy, pero no por ello son de menor importancia canciones como Too lost in you de Sugababes, Turn me on de Norah Jones; grandes clásicos como Both Sides Now (era uno de los temas de la TV serie The Wonder Years) de Joni Mitchel, y God only knows de los Beach Boys; o básicos navideños como White Christmas de Otis Redding, All I want for Christmas is you en la interpretación de Olivia Olson, All Alone on Christmas de Darlene Love, entre otros.