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martes, 7 de junio de 2011

Mis desastres culinarios

En estos días en los que he estado animándome a mejorar mis dotes culinarias. Me he puesto algo nostálgico recordando los días en los que ni por equivocación mis padres me dejaban estar más de cinco segundos en la cocina. Y es que era sumamente torpe, todo se me caía, rompía... [you've got the big picture already].

Además, cuando me encontraba sólo en casa, gustaba de hacer diversos experimentos, especialmente con el horno de microhondas. A la fecha, por ejemplo, mi madre no perdona –ni olvida– que le eché a perder un juego de platos (unos de vidrio y otros de plástico) que quedaron deformes por mis intentos de hacer rocetas de maíz (palomitas) [sí, las semillas, no las bolsitas que te venden de ACTII y semejantes] con queso fundido; o huevos cocidos (sin hervirlos); y ya no hablemos de lasagna... con papel aluminio.

[Comercial: debo destacar la sorprendente calidad del horno (era MABE), pues pese a todo, jamás se descompuso... al menos no irremediablemente, lo cual me salvó, without a doubt, de numerosas reprimendas físicas].

Mención aparte merecen mis intentos fallidos de hacer chilaquiles [que a la fecha no he podido superar]. Como he mencionado aquí, aquí, e incluso aquí [el más grande atentado gastronómico... ever], adoro este platillo. Pero, la primera vez que los hice: se quemaron; la segunda, se batieron; y la tercera... bueno, se quemaron de abajo y se batieron de encima. En palabras de la querida Walküre, parecían "vomitada de borracho".

Y la mejor, otro más de mis "osos": mi primer pastel. Justo cuando lo preparaba recibí una llamada telefónica, y por distraerme, le puse sal en vez de azúcar. El producto final: aunque a la vista bastante estético; a no ser que sufrieras de una deshidratación crónica, no le habría recomendado ni a mi peor enemigo el probar siquiera un bocado.

El pasado jueves –era una calurosa tarde– tuve la genial idea de preparar agua de limón con pepino [había visto cómo la preparaban numerosas veces cuando trabajaba en Hogar Dulce Hogar]. Lavé los pepinos, los partí y los metí en la licuadora, e hice lo correspondiente con los limones. Tras licuarlos, los colé en un cedazo y el líquido restante lo puse en una jarra a la que le añadí agua, hielos y azúcar.

Me senté a comer [había preparado un sofrito con camarones y un rissotto con hongos shitake]. Todo había quedado delicioso, lamento decir. Sí, lo lamento porque fue entonces cuando –en una de esas clásicas ocasiones en las que tragas más de lo que puedes masticar– decidí beber el agua. Fue sumamente desagradable. Fue peor que comer maror en Pesaj y combinarlo con cualquier analgésico en polvo todo eso en la lengua. Instantáneamente corrí a vomitar. Obviamente, se me quitaron las ganas de comer y tiré toda la bebida.

Moraleja para las y los tragaldabas: si agua con limón quieres hacer, retirarle las semillas primero será tu deber; ah, y si su cáscara piensas dejar, bébela inmediatamente o lo vas a lamentar.

lunes, 15 de junio de 2009

¿Terrorismo Gastronómico o variante de violencia doméstica?

La siguiente es una historia verídica.

Sábado por la mañana. A minutos de salir para la Ibero.

-¿De quién son esos chilaquiles que están en la cocina? -preguntó el que suscribe este post-
-Los compró tu papá ayer -respondió a la distancia la "madre querida"- ¡Ahhh!... pero como no los metí al refri [nevera o añada el modismo mas ad hoc de su país] a lo mejor ya están echados a perder -añadió-.

Una vez que el buen Josef destapó el traste de poliestireno, suspiró ante la triste realidad de que tal vez se había quedado sin desayuno y, resignado, regresó a su recámara para terminar de empacar sus libros y demás parafernalia.

Mientras ello ocurre, y sin que el ya no tan joven hijo se diera cuenta, la amorosa progenitora se aprestó rumbo al desayunador, abrió la alacena, sacó algunos enseres, escogió una sartén, mismo que puso a fuego bajo y comenzó a preparar lo que sería su solución a la quizá involuntaria omisión de la noche anterior.

Minutos después...
-¡Ya está servido, ven a sentarte! -replicó mamá-.
-¡Ah, gracias, ma! -dijo el sorprendido vástago-.

Mientras se dirigía hacia lo que sería su primer alimento del día, nuestro protagonista meditaba sobre la rapidez con la que fue resuelto el primario dilema, ello debido a que él mismo había revisado momentos antes el frigorífico sin hallar nada en éste que pudiera haberle apetecido. Cuando llegó al comedor, tal se encontraba debidamente preparado: con la manteleta, los cubiertos debidamente ordenados, la copa con jugo de toronja, y un plato cubierto con una tapa plástica que preservaba el calor de lo que se veía como un suculento huevo revuelto con tortillas de maíz, mientras que del cuarto contiguo comenzaba a despedir el agradable aroma de café recién preparado [costaricense, of course].

-Mmm... pero que bien se ve esto -pensó el gourmetragaldabas al tiempo que depositaba su mochila en otra silla-.

Con su mano izquierda tomó el tenedor, llevó el primer bocado a la boca e inmediatamente, y justo cuando comenzaba a masticar, su temperatura corporal se elevó de súbito y sus fosas nasales comenzaron a emitir mucosa copiosamente. "¡Agua...! ¡Pan...! ¡Queso...! ¡Pan...!" -buscaba despesperado y completamente confundido el comensal mientras que el ardor en la lengua y los oídos se hacía cada vez más insoportable-.

Mientras tanto, en la sala de la casa, el padre de Josef contemplaba absorto la escena. "¿Qué te pasa? Oye, pero ¿por qué estás comportándote como troglodita... si se te hizo tarde para irte a la escuela... es tu culpa", decía. "¡Pan...! ¡Leche...! ¡estoy... enchilado!" -interrumpió balbuceante el hijo-.

Momentos después, padre e hijo preguntaron, impavidos: "Pues ¿qué le pusiste a ese huevo con tortilla?"
-Chile habanero -respondió con naturalidad la madre-
-¡¿Qué? pero ¿cómo haces eso, si tu hijo no come chile?! -Interrogó una vez más el padre de familia-.
-Pues quería chilaquiles, ¿no? -sentenció muy segura de si misma la esposa, sin reparar en las consecuencias de sus acciones-
-¿Y cuántas gotas de chile le pusiste, si se puede saber? -terció el hijo-
-Ah, pues como no había jitomates, le puse mucha, para que te quedara como salsa -externó nuevamente quitada de la pena la mamá-.

lunes, 17 de diciembre de 2007

La frase (7): Gli faccio un'offerta che non puó rifiutare

Como buen fan de la saga de El Padrino, y como señalé en este mismo espacio; parafraseando también a Tom Hanks en el filme Tienes Un E-mail (You've got Mail), encuentro en sus frases un cúmulo de sabiduría, la respuesta a casi cualquier pregunta, etc.

El día de ayer fui a comer con mis padres a Italianni's Pizza de la Zona Rosa. He de afirmar que en este lugar --aunque sea una franquicia gabacha-- preparan el referido platillo de forma bastante decente, a saber: pasta delgada y crocante, puré de tomate en cantidades moderadas, e ingredientes en porciones justas; vaya todo lo opuesto a esas bolas de masa e ingredientes "pichicateados" [ustedes perdonarán, pero yo no puedo llamarlas pizzas] de Domino's, Hut, Papa John's... (añada aquí su franquicia favorita).

Sin temor a equivocarme, además de hacerme el día, el factor que me hizo disfrutar en mucho la comida fue la decoración en una de las paredes, con fotos de películas italianas y (añada el sonido de redoble de tambores)... una de las máximas de Don Vito Corleone:

"Le hizo una oferta que no pudo resistir".



La verdad, yo tampoco pude resistir ni la oferta culinaria, ni a tomar esta instantánea.


sábado, 1 de diciembre de 2007

Enología para los no iniciados

Cuando el buen Morgé y un servidor decidimos hacer nuestro gran reportaje para titularnos como periodistas, nombramos uno de los apartados bajo el título Hacking for dummies, en referencia al gran cantidad impreso y en línea que existe para aprender el arte de la modificación de códigos informáticos.

De hecho, existen libros "for dummies" desde la enseñanza de idiomas, finanzas personales o temas religiosos, hasta tópicos del cuidado del hogar. El día de ayer mientras nos abastecíamos de enseres en el Sam's club, Alexei y un servidor notamos uno de estos libros, mismo que en lo personal, jamás pensé que existiera...




Insisto: mi capacidad de asombro, no tiene fin.

viernes, 10 de agosto de 2007

Experimento Culinario (2)

Tecolota Yucateca

Así como los chinos son mundialmente famosos por comercializar toda clase de antojos montados en un palo (food on a stick); los mexicanos nos pintamos solos cuando se trata de montar un sin número de guisos ya sea en bases de masa de maíz (Cf. tlacoyos, sopes, tlayudas, tacos, quesadillas, huaraches, enchiladas, etc.) o bien, sobre panes, ya sean estos bolillos, teleras, birotes, o cualquiera de sus variantes, y que se convierten en las clásicas tortas.

¿No lo creen? Bueno, para prueba, al menos aquí en chilangolandia, son básicas las guajolotas, que no son otra cosa que una torta de tamal... y aunque parezca y sea una blasfemia para el estómago del comensal, son el desayuno salvador de miles de ajetreados y hambrientos capitalinos todos los días.

Por si ello fuera poco, hay una cadena de restaurantes propiedad del hombre más rico del mundo (Fortune Magazine, 2007) que tiene, entre sus pocos platillos decentes, los tecolotes: molletes con chilaquiles rojos y verdes.

El día de hoy, mientras desayunábamos mis compañeros y yo en la oficina, llevamos la maravillosa torta de chilaquiles un paso más adelante: le agregamos cochinita pibil [favor de agregar la cara Josef #365, es decir: mustia mea culpa], y no manchen... estaba soberbia [cósmica, intensa, extrema, chida o como quieran denominarle].

En fin, todo sea por festejar el cumpleaños del jefe... en su ausencia.

He aquí los ingredientes:

- Bolillos (teleras, birotes o cualquier otro pan de costra dura; por favor no lo intenten con focacchia, ni con pan de agua). Se deben partir por la mitad horizontal y tostarlos para mejores resultados.
- Frijoles refritos (hasta de lata). Deben untarse en el pan ya tostado.
- Chilaquiles rojos, verdes o mixtos (elaborados de antemano).
- Cochinita pibil (previamente preparada).
- Queso fresco (oaxaca, cotija, o en polvo).
- Añada crema o salsa de cebollas moradas con chile habanero al gusto.

viernes, 22 de junio de 2007

La frase (6): para un insomne gourmetragaldabas

La siguiente frase me la envió por mail la Mrs. Robinson. Misma que agradezco enormemente, pues me dio, como se dice coloquialmente, "en mi mero mole":
When I am . . . traveling in a carriage, or walking after a good meal, or during the night when I cannot sleep; it is on such occasions that ideas flow best and most abundantly.
Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791).

martes, 6 de marzo de 2007

El pozole con sardina

Entre los recuerdos más queridos de mi infancia se encuentran aquellas visitas de fin de semana al rancho de mis abuelos honoris causa, el pastor Don Eliú Morales y Doña Raquelito Rojas en Villa Guerero, estado de México, una de las zonas floricultoras y apicultoras más importantes del país.

Todos los viernes, antes de partir, íbamos a comer a un pequeño restaurante que se llama Piki, mismo que está muy cerca de la Escuela Normal de Maestros, sobre la antigua ribera de San Cosme, casi junto al Circuito Interior. La especialidad del lugar: el pozole estilo guerrerense.

Cada que platico a amigos y familiares de mis anécdotas en ese lugar coinciden en dos respuestas: "Tú y tus comidas extrañas", o bien, "¿Pozole con sardina? ¡guácala!", a lo que yo respondo: "sí, con sardina, chicharrón y aguacate". Sí bien es cierto que a la vista el platillo no es de lo más agraciado, el contraste de sabores, lo hace único.

Pues bien, después de 20 años --¡veinte largos años!-- volví a visitar ese lugar, aunque esta vez, solo. En aquel angosto local pareciera que el tiempo se ha detenido dentro de él, pues las paredes de azulejos color guinda, la decena de mesas de madera oscura con sus sillas color amarillo, el letrero con tipografía de la década de los 50's que dice "Pruebe su rico pozole con sardina y chicharrón" y hasta las enormes ollas de peltre y de acero con el rico caldo borboteando parecen ser las mismas.

Fue entonces que ordené, a la memoria de mi aviolus putatīvus, el pozole con una orden de aguacate (uno aguacate completo), una orden de chicharrón y una lata de sardina. Para mi sorpresa, la mesera me preguntó: "¿Lo va querer con un huevo?"

"Ah, caray, no sabía que también le ponían un huevo al pozole", respondí.
"Así es como se come en Chilpancingo", me explicó gentilmente la mesera, quien también se fundía con el intemporal mobiliario.

No, muchas gracias, sin huevo... asentí con cierto temor.

En ocasiones como esta siempre me digo a mi mismo: "mi mismo, mi capacidad de asombro no tiene fin".

He aquí la receta:

Pozole guerrerense (para 12 o 15 personas)
  • 12 a 15 litros de pozole blanco ya hecho
  • un manojo de epazote
  • una hoja de hierba santa
  • 1/4 de cebolla
  • 1/4 de pipián
  • 5 dientes de ajo
  • 10 chiles serranos
  • 8 tomates verdes.
  • Comino y pimienta al gusto
Se licúan los tomates con los ajos, la cebolla, la hierba santa, los chiles. Una vez licuada, se fríe la mezcla. En otro recipiente, se disuelve la mezcla del pipían con un poco del caldo caliente del pozole, una vez disuelto, se integran ambas mezclas.

Una vez que ésta se ha homogenizado, se integra poco a poco dentro del caldo de pozole (caldo y grano) y se sazona con la pimienta, sal y el comino.

Se sirve con chiles serranos, cebolla morada picada, chile piquín, orégano en polvo, rebanadas de rábanos, trozos de chicharrón, aguacate, carne de cerdo en trozos o polo deshebrado.

Y como señalé, en Chilpancingo, se le añade el contenido de una lata de sardina en aceite y un huevo cocido.

lunes, 12 de febrero de 2007

Paprikka Grill & Bar

De acuerdo con el diccionario culinario, la paprika o pimentón es una especie de chile de la familia Capsicum Annum cultivado en Europa, principalmente en Hungría y España, el cual es secado y molido para ser utilizado principalmente en salsas y como guarnición en algunos tipos de carnes rojas. Es una especia de sabor fuerte, pero que da distinción a los platillos en las que es utilizada.

El día de ayer para festejar el cumpleaños de La Miss fuimos a comer a un nuevo lugar de la zona comercial de Ciudad Satélite que ostenta este mismo nombre, pero con doble "k". El local, según la información recabada, tiene menos de dos semanas de haber sido inaugurado y lleva el ya choteado término de Grill & Bar.

El lugar de decoración contemporánea y simple, cuenta con poco más de una docena de mesas y sillas de madera oscura. La barra, que es atendida por tres barman, es amplia y tiene a la vista todas las botellas acomodadas por tipo de bebida y en los anaqueles inferiores, se encuentran los vasos tambien perfectamente acomodados por tipo. En el piso superior se aprecian sillones y mesas ratona seguramente destinados para alojar a la chaviza que asiste por las noches tan sólo por los tragos.

Sin embargo, desde la entrada el servicio es disperso. Aunque se había hecho una reservación, para un grupo numeroso, de los tres meseros con los que cuenta el establecimiento, tan sólo uno de ellos se aparece por las mesas y lo hace con una oportunidad y gentileza dignas de un alarife.

En la carta de Paprikka se lee que los platillos se elaboran al momento, por lo que piden al cliente de su comprensión y paciencia. Lo que no se explica es cómo el que el referido mesero tardase cerca de media hora tan sólo para tomar la orden de las bebidas y casi una para llevar canastas de pan.

Y es en ese momento cuando uno de los tres socios del lugar, Eduardo Hernández (homónimo de aquel gran reportero de El Economista), hizo su aparición. A diferencia del personal que para él labora, éste último sí es servicial y lo más importante, movido: se aprestó a colocar servicios de cubiertos, mesas sin acomodar y llevar más panes recién horneados que los comensales agradecen ante lo avanzada de la tarde.

Uno de mis amigos venía con su pequeña de dos años, y no se necesita ser padre para saber que a los niños el hambre no los espera, por lo que pidió a este novel camarero le tomara la orden. Éste respondió con una negativa, a lo que mi cuate le arguyó que sus formas de atender no eran ni las mínimas, así que ante lo acomedido del servicio decidio salir a comprar Gerber's para su hija.

Interminable pareció el tiempo hasta que el ya referido mesero se digno en tomar la orden, y no lo hizo sino hasta que todas las mesas fueron ocupadas en su totalidad. Nuevamente sus otros dos compañeros brillaron por su ausencia. Cabe señalar que, además de nosotros, que ocupábamos siete mesas, tan sólo otras dos mesas tenían comensales.

Dos horas y 15 minutos después llegó --finalmente-- la comida. Se ordenó un spaghetti a los cuatro quesos ($69 pesos). En su lugar llega un macaroni (dijeron que era fusili) casi frío con consistencia chilosa y color comparable al Cheez Whiz, así como de sabor insípido.

El compadre, por su parte, encargó como primer tiempo una crema de chile poblano, imposible de comer; como segundo, una arrachera, ésta última presentada en una ración ridícula y excesivamente cocida.

Mi mejor amiga, pidió una hamburguesa paprika de carne de res ($79 pesos). La carne, había especificado se prepase término medio; sin embargo, llegó bien cocida y dura. Lo rescatable de este platillo fueron las papas a la francesa sazonadas con limón y diversas pimientas.

Su esposo, en cambio, ordenó un spaghetti con mariscos ($95 pesos). Éste último platillo sí llega como debe ser, fue lo mejor de esa infortunada merienda (pasaban ya de las 17:30 horas). La salsa de tomate con albahaca estaba sabrosa, pero los marciscos resultaron ser una guarnición que constaba de un langostino frío, un pequeño calamar y par de almejas también frías; cuando lo obvio habría sido que los frutos del mar estuviesen integrados con la pasta.

Rectifico, el mejor momento de la tarde fue cuando nos entregaron tarjetas de descuento esperando que volvamos a visitarles... Como diría el amigo Jules... ¡Seguro...!

Paprikka bar & grill
Fernando Leal Novelo #9
Ciudad Satélite, Naucalpan, Edomex.

domingo, 31 de diciembre de 2006

Antojos Tapatíos (2)

Estoy de regreso en Guanatosville para festejar el fin de año con la familia y sigo redescubriendo la fastfood jalisciense. Para empezar, he de decir que mi alma ya se encuentra en paz tras haber comido mi lonche de pierna en el mercado de Santa Tere. También me comí un biónico (fruta en rodajas con leche condensada y cereales) y unos salchipulpos que no son otra cosa que salchicas de cocktail fritas cortadas en forma de cruz que asemejan tentáculos bañadas en catsup y mostaza.

Pero he de destacar que entre las cosas que me parecen increíbles son el encontrar por lo menos en cada calle una tostadería o algún puesto de tortas ahogadas.

En las primeras, lo que venden son las clásicas tostadas de cueritos o de pata de cerdo, pero también las hay de ceviche de pescado (magníficas, por cierto); y a diferencia de lo que se acostumbra en el centro del país, aquí no hay ni de tinga ni de cochinita pibil. Y fue precisamente en la búsqueda de ese tipo de antojito que me encontré con otro lugar que llamó mi atención en sobremanera: La Taberna de Moe.

Este establecimiento, también ubicado a pocas cuadras de casa, ha cobrado relevancia en últimas fechas debido a que, no sólo se llama de forma semejante al pub que aparece en la teleserie de The Simpsons, sino que además elaboraban y comercializaban la cerveza Duff misma que tambiénaparece en el citado dibujo animado. Me di una vuelta por el local (una vieja casona) y la verdad quedé maravillado por la decoración Simpson alike, así como por su mesa de billar. Quizá lo que les faltaría es vender "llamaradas Moe".

Otro de los lugares a los que me gusta ir a comer en Guadalajara, es El Pollo Giro (Av. Manuel Ávila Camacho, en los límites de Gudalajara y Zapopan). Este local vende desde hace quien sabe cuantos años pollo rostizado estilo sinaloense acompañado de tortillas de maíz hechas a mano y una salsa martajada de jitomate, cebolla y chiles verdes picosísima, pero genial. Extraoficialmente se ha vuelto el punto de reunión de los distintos clanes Núñez para la comida dominical.

Mi visita a Guadalajara no habría estado completa sin ir a comerme una hamburguesa a las afueras de la Escuela Normal de Maestros. ¿Qué tiene de especial comer una hamburguesa en un puesto ambulante?, se preguntará el respetable. Pues bien... mmmm (Cf. cara de travesura realizada) sólo diré que son de aproximadamente 20 cm de diámetro y que uno las prepara a su gusto ¿necesito decir más?

domingo, 24 de diciembre de 2006

Antojos Tapatíos

Cuando era niño, dado que gran parte de mi parentela vive en la ciudad de Guadalajara, mis visitas a la Perla Tapatía eran no sólo habituales, sino que las consideraba particularmente largas al punto de verlas como una suerte de exilio, donde llegaba hasta a contar los días para poder regresar a Chilangolandia con una ansiedad casi comparable a la de los balceros cubanos que se lanzan hacia la Florida.

Con la primera juventud (léase antes de llegar a los 20's) pasó lo opuesto; aprovechaba cualquier ocasión para irme a la gloriosa ciudad de Guanatos y pasar allí el mayor tiempo posible acompañado de mis primos —los que son mis contemporáneos en edad, debo precisar— (Veros, Dulce y Jos), así como de los amigos que había hecho por allá; sin embargo, tras la muerte de mi abuelita materna, muchas cosas cambiaron y esa añorable etapa llegó a su fin.

Hoy que estoy a un par de años de llegar a la numeralia de los "tas", y que por razones de trabajo no puedo gozar de vacaciones en fin de año, el poder escaparme a la ciudad en cuestión, aunque sea por una noche, es algo invaluable. Si yo fuese un poeta, haría una oda o al menos una prosa de mi ciudad natal, pero como no lo soy, me concretaré en narrarles y describirles un poco de lo vivido:

Quizá sea por la nostalgia o por alguna de las misteriosas "profundidades del pan tostado" —léase no tengo ni la más remota idea del por qué— pero en esta visita he gozado de los pequeños detalles como el caminar por las calles con mosaicos multicolores, aspirar la dulce fragancia de los árboles de naranja o guarecerme en la sombra de los inmensos ficus.

Así como de ir a aquella iglesia en la que fui presentado de bebé —¡¡¡a pie!!!— puesto que está en la misma calle en la que vivo, o lo mejor de todo, desayunar en casa de mi tía Noemí sus maravillosos huevos con salsa y frijoles acompañados de un birote.
Hoy por la tarde que llegué, una vez que literalmente arrojé mi maleta a la recámara, bajé presuroso las escaleras de la casa de mis abuelos para dirigirme al mercado de Santa Tere para buscar satisfacer algunos de mis antojos.

Primeramente llegué al local de "las titas" a pedir un jugo de lima... simplemente exquisito... fue como recuperar parte de mi espíritu. Además debo comentar que entre las propiedades de dicha bebida se encuentran no sólo el vasto recurso de la vitamina "C", sino que además es excelente como desintoxicante de los intestinos; mejor que el Yakult... ¡ehhh!.

Después me dirigí a uno de los negocios aledaños para ordenar un "lonche de pierna", pero debido a la hora (4:30 P.M.) eso fue imposible, por lo que decidí salir a caminar por entre los cientos de lonas y ambulantes que pululan en el àrea y fue entonces que me encontré con un señor que vendía tejuino con nieve.

Ésta es una refrescante bebida de origen huichol que consiste de maíz sancochado, piloncillo, sal de grano, limón, y como ingrediente extra se le añade una enorme bola de nieve de limón. Es poco agradable a la vista sin duda, pero una vez que se prueba, el sabor es cautivante y no hay nada mejor para tomar en una tarde soleada.

Caminando ya de camino a casa de mi tía me encontré con la famosa birriería de Santa Tere, un restaurante-museo de las Chivas rayadas... el olor de la birria de chivo me hizo salivar pero tuve que resistir la tentación. Seguí caminando y me encontré con dos tostaderías cuyas especialidades son las tostadas de pata de cerdo y las de cueritos. Este par de especialidades no figuran de entre mis favoritas, pero conozco a algunos que el sólo mencionarlas les provoca singular alegría.

Finalmente, no podrìan faltar los numerosos puestos de tortas ahogadas... Mañana será el día de degustarlas... mmmm.


sábado, 16 de diciembre de 2006

La cocina coreana vs Josef

Me encanta la comida. Desde niño, mi papá nos enseño (a mi hermana y a un servidor) que debíamos aprender a comer de todo por varias razones: en primer lugar para que en caso de que estuviéramos en casa de algún amigo o conocido, y nos quedáramos a compartir los alimentos con ellos, no causáramos alguna vergüenza con declaraciones como: "guácala" (eew!, for the english spokens), o "es que no me gusta esto, señor(a)", etc... you've got the main idea.

Cuando practicaba Tae-Kwon-Do, por ahí de 1987, le pedí a mis padres que de cumpleaños me llevaran a comer a un restaurante de comida coreana, por aquello de conocer más acerca del arte marcial que estaba estudiando y porque los Juegos Olímpicos serían en la capital de ese país al año siguiente.

Llegó la fecha de mi onomástico y fuimos al que en ese entonces era el único restaurante de la especialidad en la ciudad de México. Se llamaba el "Pabellón Coreano" y estaba ubicado en la Zona Rosa (Estocolmo #16, entre las calles de Hamburgo y Paseo de la Reforma).

De ese primer encuentro con la gastronomía del país de la Calma Matinal, recuerdo que en la mesa había al centro una parrilla semejante a las de los restaurantes que preparan tepanyaki (cocina japonesa), que lo que nos sugirieron para comer lo traían en unos frascos de conserva que, en palabras de mi querida hermana, "olían a podrido" (en realidad estaban fermentados). Éstos se ponían en la plancha para asar y se llevaban a un plato con una salsa extremadamente picosa y con un predominante sabor a ajo.

Para no hacer el cuento largo, ese día termine comiendo verduras rayadas, y nunca más hemos vuelto a degustar este particular estilo de cocina... Hasta ayer.

Imaginen la escena:

Viernes de quincena, filas interminables en todos los bancos. Sí, en todos los bancos de la Zona Rosa; miles de usuarios que iban a cambiar cheques, pagar servicios y tarjetas, cambiar divisas, et all... 16:30 horas y sin nada en el estómago desde el desayuno de las 06:00 horas. El buen Josef tiene ¡mucha! hambre.

Una vez que ha salido del pandemonium bancario va caminando sobre la calle de Amberes pensando en las "profundidades del pan tostado" y "la inmortalidad del cangrejo" (es decir, en nada en particular), cuando de pronto un súbito olor lo devuelve al plano material de la existencia mediante el arco reflejo del reclamante estómago.

Su reacción inmediata fue dirigir el agudo sentido del olfato cual sabueso hacia el origen de aquella placentera escencia. A unos cuantos pasos de distancia aparece un anuncio que dice: "Restaurante Cheang Ki y Ya. Comida Coreana, Oriental y Sushi. Buffet $79 pesos".

Las tripas gruñen con creciente intensidad así que eflexiona por un momento considerando la experiencia anterior y concluye que si de nueva cuenta no le convence lo que va a comer, podrá acabar degustando sushi o fideos largos sin problemas.

El lugar era angosto, con decoración casi inexistente. Las paredes con tirol en color blanco. El restaurante está dividido en tres secciones, las que están junto a la recepción asemejan gabinetes como los que existían en aquellos viejos cafés de chinos del centro histórico con sus sillones de piel y sus paneles de madera. No había nadie en aquella zona.

La segunda sección, la cual se encontraba casi vacía, tenía una docena de mesas de tamaño pequeño, cuadradas. Con vista a la calle se encontraban las mesas del buffett, una para platillos calientes; y otra para los fríos donde se encontraban los rollos de sushi, las ensaladas y los postres. Finalmente la tercera sección se encontraba al fondo del restaurante, zona en la que se encontraban sentados únicamente miembros de la creciente comunidad coreana de la ciudad. Cabe destacar que lo único que separaba la ambas secciones era un biombo retractil.

Los meseros (3, hasta donde pude identificar), mexicanos todos, sin la más mínima preparación para atender a los comensales. Jamás me recibieron al entra al local, y ya no digamos me dirigieron hacia donde sentarme.

Ya instalado en la mesa y una vez que pedí un refesco de cola (no tenían ninguna clase de té), sugerí me mostraran la carta para que así me recomendaran algún platillo. Su respuesta: arrojaron la Carte de Menu a la mesa con un "permítame" como justificación, tan sólo para atender servilmente a un par de jovencitas del país extranjero en cuestión quienes en ese preciso instante habían pedido su cuenta.

Dado que el mesero en cuestión desapareció (no regresó a tomarme la orden), me puse de pie para dirigirme a la mesa del buffet. Los platillos olían bien, pero no había ninguna descripción de lo que había en cada una de las charolas.

Tome un plato, me serví un poco de cada platillo de la mesa de las especialidades, tomé un juego de palillos (chop sticks) y me dirigí de regreso a la mesa. Di el primer bocado a un trozo de arroz. Instantáneamente vino a mi mente el emblemático recuerdo del sabor a fermentado. Probé entonces unos cebollines (nabules), estaban salados, pero eran preferibles al arroz.

Seguí con unos rollos primavera versión miniatura, los cuales estaban crocantes, cual debe ser; carne de res en salsa de soya y chiles, picosa, pero de sabor agradable; Y un poco de carne en salsa agridulce, pero al darme cuenta que la vianda era era en realidad cerdo, la dejé. Me dirigí nuevamente a la mesa del buffet para coger otro plato y servirme sushi. Tristemente ya no había, los 4 o 5 mexicanos que estabamos ahí al parecer habíamos coincidido en pensamiento, así que terminé, nuevamente, comiendo verduras, en este caso, ensalada de lechuga con pepino y jitomate.

Tras probar unas fresas con crema como postre, pedí la cuenta en tres ocasiones. Pasaron cerca de 10 minutos (con el restaurante casi vacío, debo enfatizar) antes de que ésta llegara. Puse el dinero correspondiente y como no pasaban a recogerlo, sin más, salí del lugar.

Así que van dos experiencias negativas con la cocina de uno de los más bellos y emblemáticos países del mundo. Pero hay que decir que los dueños, coreanos por supuesto, de este restaurante deben escoger mejor al personal que trabaje para ellos.

jueves, 23 de noviembre de 2006

Thanksgiving Day

Cuando iba en tercero de primaria, en el David Livingstone, tuve una maestra de inglés norteamericana que se llamaba Olga. Y recuerdo que en su muy peculiar forma de hablar español, nos platicó, grosso modo, lo que es el Día de Acción de Gracias, mismo que consideraba, junto con el resto de sus compatriotas, como la segunda festividad más importante, sólo después del 4th of July, es decir, el Día de la Independencia.

Diez años después, cuando estuve de voluntario en el orfanato Hogar Dulce Hogar, tuve el privilegio de ir a la celebración que se conmemora, anualmente of course, en el Colegio Americano; evento que es inaugurado por el H. Embajador de los Estados Unidos en México y organizado tanto por la institución como por el patronato de mujeres de esa representación diplomática.

De aquella oportunidad, además de venir a mi mente todo el pavo en salsa de arándano (turkey in cranberrie sauce) que comí junto con elotes (sweet corns) y el tradicional pastel de calabaza (pumpkin pie), quisiera resaltar el contexto de esa fiesta.

Según la "tradición"norteamericana, se dice que un grupo de ingleses que habían sido expulsados de su país y de los Países Bajos (Holanda) por sus creencias religiosas (principalmente eran puritanos, aunque algunos sostienen que había también entre ellos anabautistas), llegaron al continente en el barco Mayflower a lo que hoy es el estado de Massachusetts.

Estos peregrinos establecieron una colonia, pero debido a su desconocimiento del lugar sumado a factores climatológicos, al año siguiente la mitad de la población pereció de enfermedades respiratorias (escorbuto) o de hambre, por lo que la leyenda cuenta que los nativos, los Wampanoags, les ofrecieron ayuda y alimentos.

En gratitud, los europeos, al año siguiente, decidieron compartir el producto de sus primeras cosechas con ellos y un par de años después proclamaron un "día de acció de gracias al Señor" para recocijarse por haber recogido el fruto de su trabajo; sin embargo no fue sino hasta 1863 cuando el entonces presidente Abraham Lincoln elevó la conmemoración a Fiesta Nacional a celebrarse cada cuarto jueves de noviembre.

Lo más importante de esta celebración, al menos ORIGINALMENTE, no sólo es recordar ese evento histórico per se, sino el trasfondo de éste, ya que la Acción de Gracias, en su contexto original, es y sólo es dedicado para Dios, por su providencia.

Desafortunadamente el motivo del feriado se ha venido desviando de su origen y hoy es, extraoficialmente, el día del pavo, es también el día en que inicia la temporada de compras navideñas y por ende el crecimiento en el consumo, la época con mayor cantidad de vuelos comerciales en EU, y es el día en que se juegan y transmiten por TV de dos a tres partidos de football de la NFL (siempre de los Dallas Cowboys, los Kansas City Chiefs, y los Denver Broncos).

Como mexicano, en mi familia no hacemos "una reunión especial" en este día; sin embargo, como cristianos sí damos gracias a Dios por todos sus favores, no únicamente el último jueves de noviembre, sino siempre. De hecho, en la iglesia en la que asisten mis padres, cuando tienen convivios, antes de orar, aún suelen cantar aquel canto que va acompañado de la música del villancico Venid fieles todos (O' come all ye faithfull) que dice:
"Por estos favores que Tú nos has dado,
te damos las gracias, oh buen Padre Dios.
De tu buena mano nos das el alimento.
De Ti es nuestra vida, de Ti también salud,
a Ti te alabamos, oh todos, amén".
Quisiera concluir retomando las palabras que me envió un amigo: "bueno sería que en cada país, cada ciudadano hiciera un alto en su agitada vida y reflexionara en las bendiciones que vienen de lo alto, de Dios todopoderoso que está presente, que no está callado", y que NADA escapa de su mano.

La frase (3): Huele como a Navidad

Justo la noche del día de mi cumpleaños, se "dejaron venir los pingüinos", es decir, comenzó a soplar un aire helado y por ende, la temperatura descendió muchísimo. Al día siguiente, el frío empeoró tras comenzar a caer agua-nieve y en consecuencia, los volcanes que rodean la ciudad de México (el Popocatépetl, el Ixtlazihuatl y el Ajusco) amanecieron llenos de nieve.

Una vez concluido el Mexican Revolution weekend y regresar a la cotidianidad de las labores en la Universidad, prácticamente toda la comunidad académica y administrativa nos vimos con la infortunada realidad de que el H.H. Campus es una congeladora.

Imaginen la escena: 9 de la mañana –gracias a Dios que no estuve para la primera clase–. 60 personas en un aula de 8 x 20 metros con las ventanas y puerta cerradas y, eso sí, todos con su respectiva nariz roja por el frío [Rudolph the Red Nose Reindeer alike], abrigos, guantes, bufandas y hasta pasamontañas –pero no del Ejército Zapatista... y eso que es la UNAM–, y nadie sin ánimos para salir siquiera por un café.

Entonces, abro mi mochila y saco de ella una mandarina y al iniciar a desgajarla, uno de mis compañeros, el Palazuelos, dice: "¡Huele como a Navidad!". Más de uno volteó su rostro hacia el origen de tan efusiva declaración. Mi reacción inicial: Eh! –[aý] in proper canadien–, es decir: extrañeza con indicios de un tick nervioso.

Me acomodé los lentes y con voz pausada le pregunté: A ver, explicame ¿cómo es eso de que huele como a Navidad? A lo que el buen hombre tuvo a bien en responderme "Sí, es que tú siempre traes de esas como naranjas chiquitas que saben dulces y huelen como a eso que se toma siempre en Navidad".

(Cf. Plop). Y me dije a mí mismo: mi mismo, creí que ya había visto todo.
–¿Te refieres al ponche navideño?
–"Sí, sí, como a ese que te dan en las posadas y que tiene cañas y de esas como manzanitas con muchas semillas" (léase tejocotes).

–Ya veo, le respondí. ¿Pero por qué dices que huele como a Navidad? ¿Quién te dijo que a eso huele?
–"Pues porque a eso huele... ¡dah! ¿o no?", dijo con una extrañeza comparable a la mía, cuando inició la conversación.

De esta... edificante charla, quisiera retomar dos puntos: el cómo la asociación de ideas no sólo se limita a palabras sueltas o imágenes, sino también a olores. Y aunque éste tipo de puede o no necesariamente ser preciso o concreto; sí puede llegar a ser bastante jocoso... eso, y que mi capacidad de asombro no tiene fin... aún.

En segundo lugar, que la palabra "como", además de sus usos como artículo, preposición, adverbio y conjunción es utilizado y aceptado ya, por estas generaciones post-sismo de 1985, a manera de muletilla.

Eso sí, como buen gourmetragaldabas que soy, y especialmente tras estos gélidos días, al escribir las vehemencias del Palazuelos, lo hago acompañado de una gran taza de ponche navideño. Mismo que consta de agua caliente, flor de jamaica, piloncillo, guayabas, manzanas, tamarindos, cañas de azúcar, mandarinas (esas como naranjas chiquitas que saben dulces) y tejocotes (esas como manzanitas chiquitas)... un buen remedio para combatir el frío.

jueves, 9 de noviembre de 2006

Il Mantelazzo

Disfruto mucho cada que voy al Macarroni & Grill (caramba, ya hasta parece infomercial). Entre mis razones, he mencionado que los manteles del lugar, al ser de papel, pueden convertirse en una obra de arte por el comensal.

Anoche, al llegar al festejo de Aniux y pedir la infaltable pasta a la medida (infomercial ibid.) me quedé con el crayón con el que seleccioné los ingredientes de mi elección. Fue entonces cuando hizo acto de presencia, en mi mente claro, ese "furor de la inspiración" que es "tan nocivo para la creatividad".

Con crayola en mano, me dije a mi mismo: "mi mismo, tiene años que no dibujas nada a mano alzada, ¿Por que no reproduces los elementos que tienes alrededor y los obsequias a la festejada, tal y cómo lo hicieron en tu pasado onomástico?"

Y pues que empiezo a dibujar cada uno de los detalles de la botella de aceite de olivo que tenía frente a mi. Claro, yo estaba entradísimo como cuando solía hacer mis comics en la secundaria... ya estaba a punto de terminarla y seguir con la reproducción de la vajilla y el salero cuando en ese momento, dos de mis amigas me interrumpieron... (Cf. inserte el sonido que producen los frenos de un auto al accionarse intempestivamente o el de un reproductor de discos de vinilo al retirar la aguja).

"¿Qué haces?", dijeron. Tan quitado de la pena estaba, pero al mismo tiempo, sorprendido negativamente por la interrupción, levanté el rostro y les dije: "Pues dibujando, ¿no ven?".
--Sí, ya vimos, pero sobre el mantel de tela, añadieron.

En ese instante sentí una vergüenza enorme, como si todo el derredor se oscureciera y se precipitara sobre mi, e instintivamente busqué cubrir "mi recuerdito" con lo que fuera. Y ¿qué creen? que llegó el mesero con la comida. Mi reacción, la cara Josef #32495, a saber: risa nerviosa muy obvia.

Sólo alcancé a medio ver la reacción del buen hombre, una mezcla de risa con un "no es posible". Los siguientes minutos, como todo hombre culpable, busqué la "injustificable justificación" de mis actos. Como dice eun dicho: "defender lo indefendible".

¿Quién iba a decir que de todas las mesas del restaurante me iba a sentar en la única que no tenía mantel de papel? Y no sólo eso, que no iba a notarlo.

Resignado, me comí la pasta --¡cuánto dolor!-- y cabisbajo acepté que el mundo apreciara mi efímera y poco afortunada obra.

En fin, he aquí la foto, cortesía de la festejada.

Anécdota de un Desayuno

Ayer fue cumpleaños de la querida Walküre, por lo que antes de irme a la Universidad, decidí apresurarme y hacer una escala técnica para invitarla a desayunar.

De común acuerdo, decidimos ir al sitio al donde solíamos ir como familia los fines de semana y donde salvo algunas excepciones, pedíamos chilaquiles.

He de comentar en esta oportunidad que, cuando éramos niños, mi papá solía decirnos que cuando salíamos a comer a algún lugar, al que fuera, siempre desquitaba con creces lo que pagaba, sobretodo cuando era en buffets. Interprétese como que "siempre hemos sido de buen diente".

Una vez instalados en el restaurante, la mesera nos dijo que ahora los desayunos buffet ya incluyen uno de los partidos de la carta, por lo que un servidor, el gourmetragaldabas® favorito de todos, ni tardo ni perezoso, pidió un "ganadero a caballo", esto es un corte de arrachera (carne de res) acompañado de un huevo frito y... ¡adivinaron!: chilaquiles (Así es, reconozco mi adicción a este platillo típico).

Pero mientras éste llegaba, me dispuse a preparar un plato de Cereal a la Josef, es decir: Froot-Loops, Chococrispis, Zucaritas y All Bran con yogurth de fresa y leche. Aunque la combinación se lea y vea muy poco ortodoxa, créanme que sabe bastante bien.

La querida hermana, mientras tanto, se servía un plato de menudo (panza de res en caldillo de jitomate, platillo que en lo personal no me gusta para nada), y una vez terminado éste, siguió con ¿qué creen? ¡Chilaquiles!

Ambos, "de puro coraje", en honor de los viejos y felices tiempos, así como por nuestros padres que no pudieron estar presentes para la ocasión, nos comimos finalmente un hotcake con jalea de frambuesa y chocolate.

Por si se lo preguntaban. ¡No!, no comí nada más en todo el día --sí tengo vergüenza--... bueno, nada hasta las 9 P.M. en que fui al Macarroni & Grill para festejar el cumpleaños de Aniux y donde, para variar, degusté una pasta a la medida que consistió de corazones de alcachofa, champiñones rebanados y espinaca fresca en salsa pesto (aceite de olivo y albahaca).

Jajaja... bueno, sólo algo de vergüenza.

viernes, 28 de julio de 2006

El Padrino (Mangiare)

Música y películas para cocinar (I)

Desde que el cine existe, la comida ha tenido papel fundamental en éste. Como ejemplo clásico tenemos aquellas inolvidables escenas protagonizadas por Charles Chaplin, en una de las cuales, el genial actor del cine mudo clava dos tenedores a un par de patatas e improvisa una secuencia de baile con ellas; y que decir de aquella otra en la que pretendía comer unos zapatos con cubiertos y sorber las agujetas cual si fueran spaghetti.

Cualquiera que esté familiarizado con la pasta italiana sabe que una vez cocinada ésta, necesita forzosamente de una salsa para acompañarla (esta simbiosis sería equivalente, en su versión mexicana, a la tortilla con los chiles). En la obra de Puzzo-Coppola, muchas de sus memorables escenas están relacionadas con, adivinó usted bien, la pasta.

Pero primero debo confesar, que como buen gourmetragaldabas®, siempre que veo el primer filme, se me antoja ese pescado que es entregado como mensaje siciliano a Santino Corleone (James Caan). “¿Qué es esto?” ―pregunta el temperamental joven― “significa que Luca Bracci duerme con los peces”. ―le responde su comparza, Pete Clemenza―

Curiosamente, en este largometraje, la mayoría de las escenas relacionadas con esta necesidad primaria del ser humano son dichas por el personaje de Clemenza (Richard Castellano). Mi escena favorita es cuando Michael Corleone (Al Pacino) recibe una llamada telefónica de su novia, Kate Adams (Diane Keaton), y tras colgarle, el veterano criminal le muestra como hacer un básico spaghetti bolognesa:

“Aprende algo, tal vez cocines para 20 sujetos algún día. Se empieza con un poco de aceite de oliva y se fríe algo de ajo. Luego picas algo de tomate, lo fríes, procuras que no se queme. Lo hierves primero y mezclas toda esa salsa con las
albóndigas (meatballs), agregas un poco de vino y finalmente, una pizca de azúcar… ese es mi secreto”.


Sencillamente, me encanta el papel de este personaje. Todo el tiempo está comiendo o bebiendo algo, y su frase para la historia es sin duda aquella en la que le dice a su asistente: “deja el arma, pero no olvides los canelones”.

Pero la escena central es, sin duda, la que se realiza en un pequeño restaurante donde "sirven la mejor ternera de Nueva York". En dicho sitio es donde Michael ultima a Virgil “il Turko” Sollozzo (Al Lettieri) y al corrupto jefe de policía, Mc Cluskey (Sterling Hayden), quien aparece comiendo un Stracotto alla Lombarda.

Pero estas no son las únicas referencias culinarias. En otro tomo de la saga, en El Padrino III, hay muchas. Como aquella en la que se está conjurando el complot para asesinar a Don Corleone, y en donde Don Altobello (Eli Wallach), mientras negocia con Mosca (Mario Donatone), come unas rebanadas de pan con "aceite de olivo extravirgen"y explica las propiedades únicas de este producto de "denominación de origen" que existe "sólo en Sicilia".

Otro ejemplo es la escena en la que el heredero, Vincenzo Corleone (Andy Garcia), mientras está cortejando a su prima Mary (Sophia Coppola), le enseña cómo elaborar gnocchi. Pero la mejor de este "tomo" es la de Connie Corleone (Talia Shire), quien regala unos gaznates (sugar rolls) envenenados a Don Altobello, y observa como, en plena función de la ópera Cavalleria Rusticana, va muriendo "dulcemente" su otrora padrino.

Sigan disfrutando de esta magnífica obra maestra. Su ideología (de clic aquí), su música (de clic aquí), y ahora también de su riqueza culinaria.

Buon appetito!


Ricetti di cucina

SPAGHETTI BOLOGNESA ALLA CLEMENZA

Ingredientes

  • 12 Tomates sin cáscara machacados o amartajados
  • 2 cucharadas soperas de aceite de olivo, preferentemente extra virgen.
  • 3 dientes de ajo picado finamente
  • 2 latas pequeñas o una grande de pasta de tomate
  • 1 cucharada de albahaca y una de orégano (ésto ultimo no se ve en el filme, pero son indispensables).
  • 500 gramos de carne molida de res; también puede usarse salchicha italiana (es parecida al chorizo de México en su presentación), o bien, albóndigas.
  • 2 cucharadas de vino de mesa (tinto seco).
  • 1/4 taza de azúcar.

Instrucciones
1. En una olla grande de metal (acero es lo más recomendable), caliente el aceite de olivo a fuego medio, una vez que esté caliente, agregue el ajo y revuelva hasta que esté frito.
2. Incremente ligeramente la intensidad del fuego y añada los tomates y mezcle hasta que se integren.
3. Incorpore la pasta de tomate, la albahaca y el orégano.
4. Añada la carne y mézclela hasta que se vea cocida.
5. Por ultimo, vierta el vino y la azúcar.
6. Reduzca el fuego a bajo y deje calentando la salsa por lo menos 20 minutos más, removiendo ahora ocasionalmente.
7. Sirva el spaghetti en un gran platón, báñelo con la salsa y preséntelo en la mesa al centro para el deleite de los comenzales.

Variaciones: puede añadir un poco de anchoas junto con el ajo para añadirle volumen; o bien, trozos de aceituna negra junto con la albahaca. Puede añadir más azúcar o trozos de zanahoria horneada si el sabor de la salsa le parece demasiado ácido o salado.

STRACOTTO ALLA LOMBARDA

Ingredientes

  • 1 ½ kg. de carne de ternera
  • 50 gramos de mantequilla
  • 1 vaso de vino tinto seco
  • 2 cebollas
  • 2 zanahorias
  • 2 hojas de perejil
  • 1 costilla de apio 60 gr. de jamón
  • 2 cucharadas de salsa de tomate
  • 1 diente de ajo
  • 1 litro de caldo de carne
  • Sal y pimienta al gusto.

Preparación
1. El jamón, cortado en tiras, sirve para mechar la carne.
2. Una vez hecho esto, atar la carne para mantener la forma durante la cocción.
3. En una cazuela de medida adecuada a la carne, poner el aceite y la mantequilla y apenas estén calientes, poner la carne, dorándola por todos los lados.
4. Bañarla con el vino y apenas éste se evapore condimentarla con la sal y la pimienta.
5. Añadir a la cazuela la cebolla, zanahoria y apio cortados gruesos y el perejil, rehogar un minuto y añadir el caldo caliente y, por fin, la salsa de tomate.
6. Tapar el recipiente y dejarlo sobre el fuego, bajísimo, 2 a 2 1/2 horas o el tiempo necesario para la cocción del stracotto al punto.

GNOCCHI

Ingredientes

  • 1 kilo de papas
  • 330 gramos de harina
  • 2 yemas de huevo
  • Sal al gusto
  • 1 diente de ajo pequeño
  • 1 cebolla chica
  • 1 kilo pulpa de tomate fresco o 3 latas de tomates peritas
  • hojas de albahaca
  • 50 gramos aceite de oliva
  • 150 gramos de queso rallado tipo parmesano.

Preparación
1. Para la salsa, comience haciendo picando el diente de ajo y la cebolla finamente, colocar en una cacerola con el aceite de oliva y freir.
2. Agregar la pulpa de tomate o los tomates en lata triturados, las hojas de albahaca picadas, la sal. Cocine unos 40 minutos a fuego lentísimo hasta espesar.
3. Para los gnocchi, haga las patatas puré.
4. Una vez hecho esto, haga pequeñas bolitas y sumérjalas en un recipiente con las yemas de huevo.
5. Al terminar, báñelas en la harina hasta que ésta las cubra completamente
6. Ahora, sumérjalas en una cazuela con abundante agua y sal (ésta ya deberá estar hirviendo)
7. Sáquelos cuando floten todos y cuele.Sirva condimentando con la salsa y abundante queso.

Otro sitio web con recetas de cocina inspiradas en la película de El Padrino:

Godfather Italian feast @ The Food Network Canada.

martes, 4 de julio de 2006

Experimento Culinario

Spaghetti en puntas de res con frijoles

Un dicho popular dice que la necesidad es la madre de la invención. Y cuando uno tiene que hacer la comida y dispone de pocos recursos a la mano para elaborarla, esta frase se convierte en verdad universal.

Seguramente mis padres y hermana cuando lean estas líneas exclamarán con ironía: "¿Tú haciendo experimentos?... ¡Que raro!" Y he de confesar que tienen razón. Desde que era niño siempre me gustó hacer experimentos con la comida. Algunos de ellos fallidos (como aquel pavo incomible de Nochebuena al que le vaciamos —mi sister y yo— casi media botella de vino blanco, y que mi abuela paterna tuvo que "arreglar" revolviéndolo con jitomate picado).

Las bebidas tampoco escapaban de mi inventiva, aunque lo más arriesgado que llegué a hacer fue mezclar el el café con coca-cola (y que, por cierto, derivó en el mejor guión radiofónico que hemos hecho Morgé y un servidor en nuestra breve carrera de periodistas); Y si mi mano se extendía lo suficiente, también desarrollaba mezclas muy poco ortodoxas con los condimentos. Quiza por ello evitaban que entrase frecuentemente a la cocina...

Volviendo a la comida que hice el otro día, aquel día llegué del trabajo como a las 4 de la tarde y literalmente fenecía de hambre y al abrir el refrigerador (frigorífico) lo único que encontré fue lo que en casa llamamos "poquitos" (sobrantes o leftovers).
He aquí los ingredientes:

- Una recipiente con frijoles machacados
- Un recipiente con spaghetti
- Y finalmente, uno más con puntas de res (carne de res cortada en tiras mezclada con jitomate y champiñones).

Primeramente calenté la carne a fuego bajo en una olla y cuando ésta comenzaba a borbotear, le incorporé los frijoles machacados y los mezcle hasta que se intergraron perfectamente.

Después, vacié el spaghetti en otra olla la cual ya tenía previamente calentándose agua, pero como la pasta ya estaba hecha, la deje sumergida sólo medio minuto, la saqué y la dejé escurriendo en un colador.

Finalmente, serví en un bowl la pasta y encima la bañé con la mezcla de carne-frijoles, y claro, no podía faltar, queso parmesano.

Quizá a la vista no parecía una bolognesa, pero en cuanto a sabor, la verdad me gustó muchísimo.

domingo, 25 de junio de 2006

Festival de Pastas en Macarroni & Grill

Tras discutir, concertasesionar* y ofrecer buenos oficios* diplomáticos —ajá—, vía correo electrónico (oh, maravillosa tecnología) y a la sazón de festejar no sólo la oportunidad de vernos, sino de hacer una pre fiesta por la graduación de la Omnisciente (la pre pre fiesta fueron los mariachis en la Septién el jueves anterior), Morgé, la doctora Cecilia y un servidor (con el apoyo en espíritu del Uli Uli y Elenes) nos reunimos en el restaurante Macaroni & Grill de Plaza Satélite.

Glosario:
Concertasesiones: término político orgullosamente mexicano. Su autoría se debe, supuestamente, a Porfirio Muñoz Ledo y hace referencia a la solución de conflictos, al reacomodo, alianzas y componendas. Su origen data de 1991, cuando el PRI, cedió la gubernatura de Guanajuato al PAN a cambio de que no gobernara la entidad Vicente Fox, sino Carlos Medina Plascencia.

Buenos oficios: es una técnica de resolución pacífica de los conflictos, a través de la cual, un tercero, utiliza su influencia moral y política para establecer el contacto para la negociación.
El lugar, un nuevo favorito del que suscribe este blog, es franquicia del restaurante del mismo nombre cuya sede está en EUA (USA, for the proper english spokens). Es un sitio muy familiar, al grado que los fines de semana a la hora de la comida es concurrido por grupos grandes, sobretodo para festejar cumpleaños.

Breviario: el brownie que dan de cortesía en los onomásticos es sencillamente sublime.

La atmósfera, cuando el sitio está lleno —he de precisar—, y a pesar de que sus techos son altos, tiende a ser ruidosa, sobretodo cuando hay niños deambulando por las mesas; sin embargo, la decoración y la iluminación son muy agradables ya que brindan la sensación de tranquilidad. Otro punto a favor, es que las cocinas e ingredientes están a la vista y los manteles, al no ser de tela, pueden convertirse en verdaderas obras de arte rupestre para entretener a la chiquillada así como para matar el tedio en lo que llegan los platillos.

Para coronar el lugar, de cuando en cuando, un "mesero" se pasea por el lugar, se sube a una silla y comienza a entonar arias o canciones napolitanas; ah, casi lo olvido, y como cosa curiosa, en los baños, en lugar de escuchar la aburrida y sosa música de supermercado, se escuchan... como lo lee usted bien: "clases de italiano". Así que, mientras se lava uno las manos, en vez de escuchar a Ray Coniff o a Richard Clayderman; aprenderá, por ejemplo a pedir... jugo de toronja: "Io voglio zummo di pomello".

Su especialidad son los platillos de la cocina italiana, pero a diferencia de otras cadenas de restaurantes como Italianni's, sus platillos no tienen la clásica presentación de cualquier programa de cocina del Discovery Travel & Living o The Food Network (esto es, porciones monstruosas sobresaturadas de ingredientes y puré de tomate enlatado), sino un desplegado sencillo, pero a la vez elegante en cada uno de los platillos que allí se elaboran.

En fin, tras agarrar cuantas crayolas y dulces de menta pudimos en el lobby, y de ubicarnos en nuestra mesa en la sección de no fumar (perdón, Morgé, mi estado de salud lo ameritaba... cof), llegó el mesero para preguntar: "¿Qué quieren tomar?" Para variar, pedí té helado, pero como estaba enfermito (Cfr. ¡Aaaah!), lo pedí "al tiempo", por cierto, esa es una frase muy mexicana.

Cecilia, con la franqueza que la caracteriza, tras ver la carta, dijo: "Yo vine a comer pasta", los demás, como buenos demócratas, secundamos la noción y aprobamos por unanimidad; y dado que la "especialidad de especialidades" del Macaroni es hacer la pasta a la medida (es decir, que el comensal, escoge los ingredientes como "se les pega la gana"), "mandamos a volar" el protocolo, obviamos las entradas, sopas, ensaladas y demás entremeses y dirigimos nuestras miradas a ordenar lo que sigue, claro, todo con molto Parmigiano:

1. El clásico spaghetti bolognesa (seleccionado por Katyana).
2. Un fetuccini con champiñones en salsa de ajo, acompañado de trozos (sendos trozos) de brócoli. (elección de Moraga).
3. Un spaghetti con corazones de alcachofas, aceitunas negras picadas, jitomate deshidratado y pechuga de pollo a la parrilla, también en salsa de ajo (escogido cuidadosamente por la doctora Porras y este Gourmetragaldabas®).
4. Y unos ravioles a los tres quesos (sin duda lo mejor de la noche, estaban fantásticos).

De la plática de sobremesa, que puedo decir... plática de periodistas. Sólo he de añadir que tras el festín, ninguno tuvo la ocurrencia de pedir un postre —sí, nostra faglia, nostra faglia—, pero sí prometimos ponernos a dieta para la graduación de la Omnisciente, y como primer paso nos dispusimos a caminar por las ya cerradas tiendas de Plaza Satélite (eran cerca de las 11 de la noche) para bajar o acomodar, aunque fuera un poco, la tan disfrutada cena.

Ciao e buono apetito.

domingo, 28 de mayo de 2006

Banana Caramel Frapuchino

No es por hacer el comercial, pero el día de hoy decidí romper my british habit de beber por la mañana a hot Earl Grey Tea.

En su lugar, a pesar del gélido y húmedo clima del centro de la ciudad de México, pedí un Banana Caramel Frapuchino en el Starbucks del Hotel Sheraton y la verdad... ¡Wow, está increíble!

Déjenme tratar de describirlo así:
A simple vista parecía un caramel machiatto cualquiera. Fue entonces, tras recibirlo y colocar dentro del envase la pajilla, -popote pour les mexicans comment moi- que de inmediato percibí el vigorizante olor a plátano mezclado con canela: sencillamente, me hizo despertar.

Decidí salir del establecimiento tras comprobar que ya para esa hora, 7:15 estaba atiborrado. Ninguno de sus cómodos sillones de ante o piel se encontraba vacío, y ya no hablemos de las secciones del periódico Reforma que tienen de cortesía.

Mesas ocupadas por laptops, y un mar de individuos de distintos orígenes étnicos y hablando por lo menos tres lenguas además del español se encontraban deambulando por los alrededores de la barra a la espera de sus bebidas personalizadas, mientras que por no lejos de ahí algúno pedía "un Latte light venti deslactosado".

"Come on! ¿Cómo pueden pedir algo así?" -me pregunté-; escasos instantes después escuché: "quierou un Capuchinou altou con... em... un shot de mint, por favour".

Al instante, se volvió mi rostro y halló a una hermosa mujer de unos treinta y tantos, alta, de más de 1.75 mts, extremadamente blanca, de cabello castaño largo, traje sastre color gris oscuro y tacones negros. Olía como a lavanda.

"Debería de venir más seguido a esta hora", medité brevemente mientras suspiraba con una más que alargada exhalación. Resignado, me dirigí a la puerta de salida, hacia la fría mañana sobre el Paseo de la Reforma.

Mientras cruzaba la calle y observaba al Ángel de la Independencia rodeado de tablones de madera, varillas y mallas negras, decidí, finalmente, dar el primer sorbo: destacaba, obviamente, el sabor acidulce del fruto del banano, el cual contrastaba con el cuerpo y el tostado del expreso, los cuales eran complementados muy sutilmente por un dejo sabor cajeta.

Regresé a la oficina, y ya para entonces me moría de frío... ¡Sólo a mi se me ocurre beber un café con hielos cuando la temperatura ambiente no pasaba de los 5 centígrados!

Pero he de decir en mi defensa que disfruté hasta la ultima gota. Pasé con el dedo índice los sobrantes de la espuma y el caramelo, y cual niño pequeño, con el popoté, traté de absorber, ruidosamente, las más mínimas y aisladas gotas de la ya disfrutada bebida.

No dejen de probarlo.
Je suis très ravi!

jueves, 11 de mayo de 2006

La frase: Comer pizza dulce es como echarle cajeta a un jocho

El otro día que fui a comer con Velázquez y Melpómene, ésta última, cual musa que es, profirió la frase que lleva el título del presente post, y consecuentemente conllevó a la hilariedad de los tres comensales.

A los pocos días de reflexionarlo, el gourmetragaldabas® que suscribe esta bitácora decidió hacer el experimento para comprobar que tan factibles y comibles son ambos remedos culinarios.

Si existiecen los "pecados mortales" comer las mal llamadas pizzas de postre seria uno de ellos. En Papa John's comercializan una canela con azucar glaseada, otra de manzana horneada y otra de plátanos (ya descontinuaon la de durazno), pero el otro día una amiga me platico que en su estancia en los United States llegó a probar una de gnutella (crema de avellanas) con chispas de chocolate blanco, chocolate amargo, chocolate con leche y canela. Pero eso no es todo, pues en lugar de ponerle salsa catsup o inglesa, nuestros queridos vecinos, los gabachos, todavía osan bañarla de miel de maple [y luego se preguntan ¿por qué son el país con mayor índice de obesidad en el mundo?... y los mexicanos vamos en seguida para igualarles].

Sobre el segundo platillo... ¿qué puedo decir? Solamente que la musa está en lo correcto y que EVITEN INTENTARLO.

Vaya, hay sabores que de plano no se llevan... por algo no son kosher..., quite Disgusting.