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martes, 7 de junio de 2011

Mis desastres culinarios

En estos días en los que he estado animándome a mejorar mis dotes culinarias. Me he puesto algo nostálgico recordando los días en los que ni por equivocación mis padres me dejaban estar más de cinco segundos en la cocina. Y es que era sumamente torpe, todo se me caía, rompía... [you've got the big picture already].

Además, cuando me encontraba sólo en casa, gustaba de hacer diversos experimentos, especialmente con el horno de microhondas. A la fecha, por ejemplo, mi madre no perdona –ni olvida– que le eché a perder un juego de platos (unos de vidrio y otros de plástico) que quedaron deformes por mis intentos de hacer rocetas de maíz (palomitas) [sí, las semillas, no las bolsitas que te venden de ACTII y semejantes] con queso fundido; o huevos cocidos (sin hervirlos); y ya no hablemos de lasagna... con papel aluminio.

[Comercial: debo destacar la sorprendente calidad del horno (era MABE), pues pese a todo, jamás se descompuso... al menos no irremediablemente, lo cual me salvó, without a doubt, de numerosas reprimendas físicas].

Mención aparte merecen mis intentos fallidos de hacer chilaquiles [que a la fecha no he podido superar]. Como he mencionado aquí, aquí, e incluso aquí [el más grande atentado gastronómico... ever], adoro este platillo. Pero, la primera vez que los hice: se quemaron; la segunda, se batieron; y la tercera... bueno, se quemaron de abajo y se batieron de encima. En palabras de la querida Walküre, parecían "vomitada de borracho".

Y la mejor, otro más de mis "osos": mi primer pastel. Justo cuando lo preparaba recibí una llamada telefónica, y por distraerme, le puse sal en vez de azúcar. El producto final: aunque a la vista bastante estético; a no ser que sufrieras de una deshidratación crónica, no le habría recomendado ni a mi peor enemigo el probar siquiera un bocado.

El pasado jueves –era una calurosa tarde– tuve la genial idea de preparar agua de limón con pepino [había visto cómo la preparaban numerosas veces cuando trabajaba en Hogar Dulce Hogar]. Lavé los pepinos, los partí y los metí en la licuadora, e hice lo correspondiente con los limones. Tras licuarlos, los colé en un cedazo y el líquido restante lo puse en una jarra a la que le añadí agua, hielos y azúcar.

Me senté a comer [había preparado un sofrito con camarones y un rissotto con hongos shitake]. Todo había quedado delicioso, lamento decir. Sí, lo lamento porque fue entonces cuando –en una de esas clásicas ocasiones en las que tragas más de lo que puedes masticar– decidí beber el agua. Fue sumamente desagradable. Fue peor que comer maror en Pesaj y combinarlo con cualquier analgésico en polvo todo eso en la lengua. Instantáneamente corrí a vomitar. Obviamente, se me quitaron las ganas de comer y tiré toda la bebida.

Moraleja para las y los tragaldabas: si agua con limón quieres hacer, retirarle las semillas primero será tu deber; ah, y si su cáscara piensas dejar, bébela inmediatamente o lo vas a lamentar.

lunes, 23 de mayo de 2011

Habemus MacBook Pro


No había tenido la ocasión de comentar. Pero desde hace dos semanas soy el feliz y orgulloso dueño de mi sexta computadora (en lo que llevo de vida).

Sólo para esta bitácora, la lista es la siguiente:


1. Compaq Presario all-in-one con procesador 486SX; Windows 3.1; 16 MB RAM; 200 MB en HD, monitor VGA de 13'' y unidad de diskette de 3 1/2''. Me acuerdo que le costó a mis padres $6 millones de viejos pesos.

2. "Quak" –es decir, una computadora armada– con procesador Intel Pentium II; Windows 95; 32 MB RAM; 500 MB en HD, monitor VGA de 13'', unidad de diskette de 3 1/2'' y lector de CD. Se la compró mi papá a un comerciante que ponía los anuncios de sus productos en periódicos.

3. BTC –al final del día era también de "marca patito"– con procesador AMD Athlon; Windows 98SE; 64 MB RAM; 2 Gigabytes de HD, monitor SVGA de 17''; unidad CD-RW y fue la primera computadora que tuve con reproductor de DVD.

Irónicamente, pese a ser armada, fue la computadora más costosa que compraron mis padres (la compraron en Liverpool Polanco). Destino final: se la vendí al amigo Moraga.


4. Apple iMac G4 con OSX 10.1 (lo escalé hasta 10.3.9); 256 MB RAM; 60 GB de HD; monitor CRT flat de 15''; unidad combo DVD/CD-RW. Fue la primera que adquirí con mis primeros sueldos, claro, apoyado parcialmente por mis padres. 

A la fecha la conservo para ver películas, además de que considero que su arquitectura y diseño son simplemente impecables.

5. Apple MacBook White con OSX 10.4 (lo he escalado hasta 10.6.7); 512 MB RAM (lo expandí hasta 2.5 GB RAM); monitor CRT de 13''; unidad DVD-R; 120 GB de HD. Cabe destacar que fue mi primera laptop. Me la obsequió mi papá poco después de que terminé mi primera licenciatura y, –of course– fue motivo de un post es este blog. Destino final: se la vendí a la mamá [voz en off: tradición (Cf. The Fiddler on the Roof movie)].

Sirva todo lo anterior para presentar ante ustedes [redoble] a mi nueva y hermosa:


6. MacBook Pro con OSX 10.6.7; con 4 GB RAM; monitor LED de 15''; unidad DVD-R: 500 GB de HD [add a Wide Smile]. Y sí, es una joya del diseño. y como consta en el post anterior ya la he estado "customizando" un poco en estos días. Lo mejor fue el sistema de migración incluido ya que toooodo lo que tenía en la Mac Blanca pasó íntegramente a su ahora sucesora.

¡Gracias, Dios! Pues si no hubiese renunciado a mi anterior trabajo no podría tener ahora esta estupenda nueva herramienta de trabajo.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Del olvido al ya recuerdo

¿Alguna vez les ha pasado?

Este lluvioso día tomé un taxi, me dispuse a charla con el conductor acerca del informe presidencial, resulto bastante entretenida la plática.

Pero como 10 minutos después de que llegué a casa me si cuenta que dejé olvidado mi paraguas. Por cierto el tercero que compro en dos meses... Creo que mi memoria no da para conservar esta clase de accesorios.


-- Desde Mi iPhone.

viernes, 20 de agosto de 2010

Ahora resulta...

Blogueando desde Ciudad Juárez, Chihuahua.

Estoy que no quepo en mi... bueno, algo así.

Resulta ser que en ésta mi segunda gira de trabajo por esta frontera: tierra de los burritos, de Juan Gabriel, El Chamizal (territorio recuperado por México en 1967), de la excelente crónica de viajes del amigo escribicionista, y de otras cuestiones mucho menos agradables como Las Muertas de Juárez, Manuel Espino etc., debido a su privilegiada posición geográfica, es posible conseguir con relativa facilidad algunas bebidas que en el DFectuoso serían casi imposibles, a saber: D&W y Coca-Cola Classic [en esta categoría habría entrado hasta hace algunos meses el Dr. Pepper, pero ya es posible conseguirlo hasta en el STC Metro].

Sí, así es, la Coke gringa pues, aunque ustedes no lo crean, sabe muuuuy pero muuuuuy diferente a la que consumimos en México. No mejor, ni peor, simplemente diferente y pues sólo me resta decir que soy fan.

[Nota: llevaba toda la semana buscando las referidas bebidas mientras hacía una obligatoria escala técnica en la que degustaba, -generalmente- un burrito de "guisada", cuidando, of course, que la corbata del día no se ensuciara].

Bueno, bueno... pero ello no es el tema central de este post sino que, justamente cuando me encontraba pagando mis bebidas a los vendedores de un puesto ambulante, ubicado frente a una de las naves industriales de la zona más septentrional de la ciudad, escuché decir claramente a una señora de unos cincuenta y tantos años, sin un diente frontal superior [chimuela, pues]: "Miiijo, dele este cambio al mushasho doctor" [Cf. añada acento chihuahuense, es decir, sustituya la "ch" por "sh"] .

Obviamente, me quedé con la cara Josef #222 [I beg your pardon? / ¿Escuché bien? / pardone-moi?] . Y sí, lo esuché de nuevo. Inmediatamente el obediente pre-adolescente me entregó las monedas con un claro: "aquí tiene, doctor". Luego, la señora en cuestión hace el favor de interrumpir mi ausencia mental y me dice: "Pues qué, ¿a poco no es usted doctor?".

Le respondo que no, que soy (un simple y mortal) periodista-internacionalista. "¡Ah!... ¿y eso qué es?".

(Plop)

martes, 1 de diciembre de 2009

Dando un review acerca de mi experiencia con City Pass

El año pasado tuve la bendición de estar cuatro días en una ciudad de los Estados Unidos, la cual solamente anhelé visitar casi 15 años... sí, media vida.

Bueno, la razón por la que me animé a escribir este post, tras casi seis meses de ausencia [debería renombrarlo como "El blog abandonado de un gourmetragalabas] fue que, le compré un City Pass de Nueva York a una de mis mejores amigas y a la hora de comprarlo, con la misma tarjeta que utilicé en aquella ocasión en que fui a Toronto, Canadá, y mi amada ciudad de Atlanta, Estados Unidos, quiero creer que su sistema me "identificó" y me sugirió que diera mis impresiones de su producto.

Lo que me sorprendió fue optaron poner en su sitio únicamente la reseña que hice de las "atracciones turísticas" de Atlanta [mmm... editores]. Pero bueno, espero que de perdida me gane algún premio, soñar no cuesta nada.

lunes, 15 de junio de 2009

¿Terrorismo Gastronómico o variante de violencia doméstica?

La siguiente es una historia verídica.

Sábado por la mañana. A minutos de salir para la Ibero.

-¿De quién son esos chilaquiles que están en la cocina? -preguntó el que suscribe este post-
-Los compró tu papá ayer -respondió a la distancia la "madre querida"- ¡Ahhh!... pero como no los metí al refri [nevera o añada el modismo mas ad hoc de su país] a lo mejor ya están echados a perder -añadió-.

Una vez que el buen Josef destapó el traste de poliestireno, suspiró ante la triste realidad de que tal vez se había quedado sin desayuno y, resignado, regresó a su recámara para terminar de empacar sus libros y demás parafernalia.

Mientras ello ocurre, y sin que el ya no tan joven hijo se diera cuenta, la amorosa progenitora se aprestó rumbo al desayunador, abrió la alacena, sacó algunos enseres, escogió una sartén, mismo que puso a fuego bajo y comenzó a preparar lo que sería su solución a la quizá involuntaria omisión de la noche anterior.

Minutos después...
-¡Ya está servido, ven a sentarte! -replicó mamá-.
-¡Ah, gracias, ma! -dijo el sorprendido vástago-.

Mientras se dirigía hacia lo que sería su primer alimento del día, nuestro protagonista meditaba sobre la rapidez con la que fue resuelto el primario dilema, ello debido a que él mismo había revisado momentos antes el frigorífico sin hallar nada en éste que pudiera haberle apetecido. Cuando llegó al comedor, tal se encontraba debidamente preparado: con la manteleta, los cubiertos debidamente ordenados, la copa con jugo de toronja, y un plato cubierto con una tapa plástica que preservaba el calor de lo que se veía como un suculento huevo revuelto con tortillas de maíz, mientras que del cuarto contiguo comenzaba a despedir el agradable aroma de café recién preparado [costaricense, of course].

-Mmm... pero que bien se ve esto -pensó el gourmetragaldabas al tiempo que depositaba su mochila en otra silla-.

Con su mano izquierda tomó el tenedor, llevó el primer bocado a la boca e inmediatamente, y justo cuando comenzaba a masticar, su temperatura corporal se elevó de súbito y sus fosas nasales comenzaron a emitir mucosa copiosamente. "¡Agua...! ¡Pan...! ¡Queso...! ¡Pan...!" -buscaba despesperado y completamente confundido el comensal mientras que el ardor en la lengua y los oídos se hacía cada vez más insoportable-.

Mientras tanto, en la sala de la casa, el padre de Josef contemplaba absorto la escena. "¿Qué te pasa? Oye, pero ¿por qué estás comportándote como troglodita... si se te hizo tarde para irte a la escuela... es tu culpa", decía. "¡Pan...! ¡Leche...! ¡estoy... enchilado!" -interrumpió balbuceante el hijo-.

Momentos después, padre e hijo preguntaron, impavidos: "Pues ¿qué le pusiste a ese huevo con tortilla?"
-Chile habanero -respondió con naturalidad la madre-
-¡¿Qué? pero ¿cómo haces eso, si tu hijo no come chile?! -Interrogó una vez más el padre de familia-.
-Pues quería chilaquiles, ¿no? -sentenció muy segura de si misma la esposa, sin reparar en las consecuencias de sus acciones-
-¿Y cuántas gotas de chile le pusiste, si se puede saber? -terció el hijo-
-Ah, pues como no había jitomates, le puse mucha, para que te quedara como salsa -externó nuevamente quitada de la pena la mamá-.

lunes, 17 de diciembre de 2007

Camino de piedras y luz


Foto tomada de una de las fuentes de Reforma 222.

Reforma 222

Ayer conocí este complejo arquitectónico que promete a sus inquilinos [que lo podrán pagar], cuando esté terminado of course, "otro código de vida".

La zona comercial del mismo tiene diversos espacios que son un deleite visual.


Vista interior desde el primer piso.


Vista hacia la calle de Havre, al fondo, Chez France (La Casa de Francia).


Vista hacia Paseo de la Reforma.


Vista del tejado de la Plaza.


Escaleras.


Starbucks (sí, otro más).


viernes, 14 de diciembre de 2007

Arte chilango

De camino hacia una tienda departamental que se encuentra en la colonia Roma, justo detrás de la fuente de Las Cibeles, encontré esta peculiar forma de expresión sobre el camellón de la calle de Durango:



Quisiera creer que es la respuesta artística a la habitual inseguridad pública de esta ciudad.

viernes, 26 de octubre de 2007

La luna de anoche

¿No es verdad, angel de amor! que en esta apartada orilla, más clara la luna brilla y se respira mejor?
- Don Juan Tenorio.

En gran medida gracias al aíre gélido que circunda el Valle de México desde hace tres días, anoche todos los habitantes del DFectuoso pudimos admirar una gloriosa luna llena justo el día en que su órbita se encontraba más cercana con la tierra.


El espectáculo, simplemente espectacular. (Fotogramas tomados de Diario Monitor).

jueves, 25 de octubre de 2007

Frío, mucho frío

Gracias al frente frío número 4, una masa de aire polar proveniente de Canadá, desde antier ha hecho en el normalmente templado clima de la ciudad de México, mucho, pero mucho frío (ayer amaneció a 2 °C de temperatura) y aire.

Con decirles que el entrenamiento de béisbol del martes lo tuvimos que realizar en la duela del gimnasio... Lo lamenté por los que toman regularmente clase de tai-chi-chuan a esa hora... es más, ni los de soccer, ni los de football pudieron entrenar ante el inclemente estado del tiempo.

Vean esta magnífica instantánea del cielo que nos congelaba el día de ayer.



Sólo me resta que hoy, cuando llegue a la Universidad, el Palazuelos diga nuevamente "huele como a Navidad".

miércoles, 19 de septiembre de 2007

19 de septiembre

Quizá el respetable se haya preguntado por qué en fechas recientes el que suscribe esta bitácora no ha actualizado con tanta frecuencia. La respuesta es simple, desde que entré de nuevo a la universidad y he vuelto a entrenar en un equipo de béisbol, después de más de 20 años de no hacerlo, ha conllevado a perder (afortunadamente) lo que da nombre a este célebre [dicen] blog: el insomnio.

No por ello, quiere decir que ya no escribiré jamás --no way--. Me permito contar brevemente algo que aconteció en este día.

Hace 22 años (1985), la capital de mi país, la ciudad de México, fue cimbrada por un par de sismos que provocaron la muerte de (oficialmente) más de 10 mil personas y la destrucción de cientos de edificios. En aquel entonces yo cursaba el segundo grado de primaria y dado que mi colegio se encontraba en la zona centro, --que a la postre fue la zona más afectada-- me tocó ver de camino edificios derrumbados, calles destruidas, incendios, heridos etc.

Pues bien en este día las autoridades organizaron un "megasimulacro de evacuación" en el que todas las oficinas gubernamentales, escuelas, corporativos debían participar a las 10 de la mañana. Lo curioso aquí fue que, en la dependencia en la que laboro, se adelantaron 45 minutos al evento [y los medios ni se enteraron, oh... shame].

Pero lo que me hizo sentirme particularmente mal en este día, fue que, cuando llegué a la universidad, uno de los temas obligados de conversación fue precisamente ese: "el día del temblor". Y resultó que ninguno de mis "compañeros" había siquiera nacido para ese entonces [todos son modelo 86 y posteriores], por lo que la charla la acaparamos una profesora de organismos internacionales y un servidor...

Ah, pero lo peor de todo fue que todos nos veían impávidos, como si les narráramos una novela de ciencia ficción [War of the Worlds alike] o mejor dicho, nos contemplaban de manera similar a aquella chaviza que aparecía boquiabierta cada semana en el set del programa televisivo de los cuentos de Cachirulo.



Oh God, I'm feelin' old.

sábado, 21 de julio de 2007

Un buen día

Hace algunas semanas vi un filme que me encantó: A Good Year, protagonizado por Russell Crowe [espero en algún momento poder escribir en este espacio la reseña del mismo]. De éste me gustaría rescatar "la moraleja" de que la vida no son sólo esos grandes eventos, sino también los pequeños placeres y detalles.

Esta mañana tuve la bendición de despertarme alrededor de las 6:30 de la mañana. Fui a pasear a mis perros al tiempo que admiraba de un frío amanecer y parafraseaba las palabras del salmista: "Tu misericordia, oh Dios, llega hasta los cielos, y tu fidelidad alcanza hasta las nubes" (Sal. 36:4).

Regresé a casa, dormité unos minutos más, me levanté sin prisa alguna a desayunar, y me dirigí en metro hacia la que considero la frontera lógica de ésta ciudad, a saber: Av. Félix Cuevas [hay quien dice que fuera del DF, lo demás es Cuautitlán; para mi --un sateluco por gusto propio--, pasando Plaza Universidad, todos son sureños].

A la altura de la estación Balderas, mientras me encontraba sentado escuchando en el iPod el disco Catching Tales de Jamie Cullum, subió un vendedor de música pirata a ofrecer no uno de los ya conocidos "Metro Golden Hits", sino un "disco de audio normal con los mejores éxitosss de la música romántica del belcántoy que l'incluyea Andrea Bocheli, María Cayas, Lusiano Pabaroti y José Carreras" (sic).

Los que me conocen saben que cuando llegó a escuchar algo digno de está... envergadura, me provoca en tres cosas: [en estricto orden de aparición] un tic nervioso, una cara Josef #29 [léase como imitación de Mr. Spock sorprendido] y una "respuesta contestataria" [Alberto Carbot dixit] acorde a la circunstancia; en este caso, fue una sonora carcajada. Vaya, no todos los días puedo reirme de estas máximas chilangas.

Al llegar a mi destino, me topé de frente con el buen amigo Morgé quien también se dirigía a recoger su premio por la trivia de Harry Potter. Nos abrazamos y comenzamos a platicar los pormenores e impresiones de las amistades en común que se enteraron del obsequio que estábamos por recibir [léase los chismes]; y una vez fuera del subterráneo, ya que "estábamos por ahí" decidimos darnos una vuelta por la tienda Comicastle para recordar viejos tiempos y, en este caso, para ver el más reciente número de Green Lantern. [Sí, Penieres, también le di una leída a la saga de Civil War, pero por el momento me parece más atractiva la de 52 y ahora la saga de los Siniestro Corps].

Poco más de una hora después --ups-- llegamos por fin a la recepción del diario Reforma y nos entregaron envueltos en plástico los tan anhelados ejemplares de la última novela de J.K. Rowling, y para celebrarlo, nos fuimos al cine a ver... Transformers... otro detallazo más.

-o-o-o-o-o-

Por la noche, acompañado de los buenos amigos: Chucho y Adánhulk emprendimos una aventura en medio de una tormenta de verano para ir a degustar los mundialmente famosos esquites de Fuentes de Satélite. Justo cuando preparaba el mío, llegó el último grato detalle del día: ver al gran cuate y colega José Ra, e iniciar una breve pero gustosa charla acerca del pasado y del presente.

God is good.

viernes, 20 de julio de 2007

Trivia de Harry Potter

La semana pasada el periódico Reforma publicó una trivia de tres días acerca de la saga de libros de Harry Potter. Como recompensa, los diez primeros cibernautas en contestasen correctamente las difíciles 30 preguntas, recibirían los siete libros de la saga del mago [sip, incluido el que se venderá a partir de hoy --en su versión en inglés-- en todo el mundo].

Aunque no me considero un mega fan de este personaje creado por J.K. Rowling [a diferencia de algunos amigos como las niñas Denis (Potter) y Adriana (Granger) o del mismísimo Alex Ross] me di a la tarea de contestarla, y en verdad que sufrí para encontrar algunas de las respuestas... debido a la tardanza de mi respuesta [en promedio, alrededor de las 7:45 a.m.], no gané el anhelado premio.

Ya que me hallaba resignado a que tendría que ir este sábado a la librería Gandhi de mi preferencia por el nuevo y último tomo del referido personaje; el pasado martes ocurrió algo inesperado. Como parte de mis labores diarias (alrededor de las 5:00 horas), entré al site del popular rotativo a buscar cierta información periodística y en lo primero en que se fijaron mis ojitos no fue en el pleito entre la APPO y la policía de Oaxaca, o el reporte de la OCDE, sino en una nueva y más compleja trivia para poder merecer el tan esperado Harry Potter and the Deathly Hollows.

Sin más me di a la tarea de contestarla. Pero dado que no tenía a la mano los libros, saqué el iPod de la mochila, busqué algunas respuestas en los audiolibros [mmm... creo que sí soy fan después de todo] y otras más en páginas web.

Wow... en verdad que estuvo muy compleja, sólo fueron diez preguntas, pero tarde cerca de una hora en encontrar todas las respuestas... pero la recompensa quedó a la vista el día de hoy. Fui uno de los 30 ganadores, de hecho, fui el quinto en contestar:


Y lo más genial es que también el amigo y colega, Morgé, ganó también un ejemplar así que ya nos estaremos viendo las caras el día de la premiación.

Postscriptum: y además, ya me ahorré una lana... sola gratia.

domingo, 15 de abril de 2007

Osos

El otro día escuchaba al compagre decir la siguiente frase "primero existo y luego pienso". Esto en clara contraposición a aquella célebre frase de René Descartes: "Cogito ergo sum (Pienso, luego existo)".

Tal pareciera que al que suscribe esta bitácora de cuando en cuando le ocurren eventos que son "dignos" del Salón de la Vergüenza... o al menos del ridículo --tengo que distinguirme el mérito después de todo y prefiero desquitarme en el blog que pagar "x" pesos en ir a contárselo al psiquiatra cuando llegue a mi crisis de mediana edad--, como con aquella anécdota con el mantel. El mexicano (chilangos dixent), entre sus frases favoritas que utiliza cuando alguien comete alguna tontería pública se encuentra la celebrérrima: "¡Qué oso!"

Quizá el primero que cometí, o al menos del primero que recuerdo más vívidamente fue aquel cuando iba en segundo de preparatoria (bachillerato). En cierta ocasión me encontraba tirando canastas con mi amigo Jhon Key, quien solía llevar su guitarra varias veces por semana a la escuela. Ese día mientras jugábamos colocó su "lira" recargada junto a la base de la canasta de basketball.

Al cabo de un rato se acercó cierta niña con su cabello anaranjado y cara de muñeca, quién, por cierto, nos traía a varios de mis compañeros y a mi (bien sur!) con el corazón en pálpite. Y pues como buen adolescente en pleno uso de su testosterona y carencia de sensatez me propuse "impresionarla" con mis claramente escasas cualidades para el basket... especialmente para hacer un tiro de casi media cancha.

Imagine la escena: el balón de marca Wilson flotaba por los aires como en cámara lenta [OP. Inserte como música de fondo el tema central de la película Carros de Fuego (Chariots of Fire)], el tiempo parecía detenerse... la mirada de esta joven musa se desviaba lentamente para contemplar cabalmente la trayectoria de aquel ovoide que ostentaba los mismos colores que su cabello, cuando de pronto... [OP. quitar de súbito la música] la pelota comenzó a caer rápidamente a escasos centímetros del aro y se precipitó con toda la fuerza que la gravedad y el impulso le brindaban directamente hacia la guitarra del buen amigo.

Nuevamente pareció como si el tiempo se congelase y por una fracción de segundo pude ver las seis cuerdas del instrumento musical en fuga hacia distintas direcciones, así como el brazo y multitud de pequeños pedazos de madera, acompañados del tronido semejante al que generaba el personaje del Cabazorro (a.k.a Quickdraw Mc Graw - El Kabong) cuando golpeaba a los villanos en ese clásico dibujo animado de la década de los 60's [favor de dar click aquí para escuchar el referido sonido].

La cara de mi amigo estaba pálida cual hoja de papel (él es moreno) y seguramente pensaba "Mi guitarra...", mientras que un servidor se encontraba rojo como un tomate. Yo no se si en ese momento él quería llorar o golpearme; pero para tratar de resarcir el daño me dispuse junto con él a recoger los pedazos y a pegarlos rápidamente con Resistol 850.

Lo curioso fue que tras mi "oso" su lira obtuvo un sonido en su caja de resonancia mucho más profundo. Pero ese tiro fallido y el consiguiente guitarrazo pasaron a la postreridad.

-o-o-o-o-

El viernes pasado literalmente me fui a trabajar por instrumentos --what else is new?-- y justo antes de hacer mis primeros reportes telefónicos encontré que la engrapadora para grandes volúmenes de hojas se encontraba trabada. Como todas mis demás compañeras se encontraban más atareadas que yo, me dispuse a tratar de ver cómo liberar esa herramienta de su atasco.

Lo intenté con la tapa de un bolígrafo: no funcionó; con una navaja: tampoco; fue entonces que con las yemas de mis dos dedos índice levanté el brazo metálico de la engrapadora para tratar de ver mejor la forma en como esas delgadas láminas de metal se encontraban atoradas. Fue justo en ese preciso instante cuando... ¡zaz! se clavaron.

Instintivamente retiré mis manos, pero no sentí ningún dolor sino hasta que quise separarlas... y pues como no soy pero para nada expresivo --ajá--, ni quisquilloso --ibid--, todo el mundo se dio cuenta de que intentaba desengraparme. Me arme de desesperación y con los dientes jalé la lámina de metal hasta expulsarla. Imediatamente comenzaron a brotar varias gotas de sangre, mismas que inmediatamente me dispuse a limpiar.

El resto del día el dolor en ambos dedos me impidió desde apretar los botones del teléfono hasta tomar objetos como un lápiz; y como recuerdito de este nuevo "oso" tengo dos nuevos lunares; aunque que ya están desapareciendo, afortunadamente. El viernes parecían las extremidades de E.T. señalando a casa (E.T. come home).

Y en casa lo único que me dijeron fue "Es el colmo, como si no manejaras engrapadoras industriales desde niño"; "hay... sólo a ti te pasan este tipo de cosas", lo que me lleva a pensar que sí, quizá hay veces que yo también primero existo y luego pienso.

miércoles, 14 de marzo de 2007

Una muñecota

Mientras estaba comprimiendo unas fotografìas para enviar por e-mail, me puse a explorar las instantáneas que mi hermana y yo tomamos para el cumpleaños del querido sobrino conocido cariñosamente como "el niño gerber".

Para mi sorpresa, hallé una instantánea en la que poso con una de las piñatas (instantes antes de que la chiquillada la pudiera romper a palos). Como podrán apreciar se trata de una muñeca de alrededor de 1.80 metros. La verdad me impresionó bastante no sólo el tamaño, sino la calidad con la que fue elaborada. Al menos aquí en el DF, la inmensa mayoría de las piñatas las hacen bastante feas.

No faltó el pariente que quiso hacerse el gracioso mientras me fotografiaban.

miércoles, 7 de marzo de 2007

Me he chiveado

Chiveado [Shi'viado] no se refiere a aquel incondicional aficionado de las Chivas Rayadas del Guadalajara; ni el adjetivo calificativo que se refiere a aquel pésimo conductor automotriz y/o aquel que es poco talentoso en su hacer cotidiano; sino que se refiere a --dícese de-- aquella persona que "se chivea" (esa sería la conceptualización digna de cualquier tumbaburros).

Este peculiar verbo reflexivo (Chivearse) que NO APARECE dentro del Real Diccionario de la Lengua Española, es una de las muchas palabras con "denominación de origen" (D.O.) orgullosamente mexicana y se utiliza como sinónimo de avergonzarse, apenarse, cohibirse, achicopalarse (una más con D.O.), sonrojarse, ruborizarse, etc.

El día de hoy, por cuestiones protocolarias tuve que ir de traje oscuro a la oficina (se supone que lo debiera hacerlo todos los días, pero debido a las horas en las que laboro y por algunas de "las funciones" que realizo, el uso de este... atuendo standard resulta totalmente impráctico).

Desde mi llegada, mis compañeras (así es, salvo mi jefe y yo, el resto del personal son mujeres --muy trabajadoras, por cierto--) no cesaban de decirme lo bien que me veía, lo "hermosa" que estaba mi corbata, los zapatos boleados, el abrigo, etc. Como resultado, toda la madrugada laboré con el rostro rojo como un tomate.

Horas después, cuando llegaron los que se encargan del monitoreo de medio electrónicos (también son en su mayoría féminas), primeramente... Me desconocieron, pensaron que era alguno de esos grises guardias presidenciales que estaban vigilando metro por metro y cubículo por cubículo todas las áreas de la dependencia donde laboro; todo para que después me volvieran a decir.... "Oye... mmm... te ves muy bien...".

Nuevamente se me subieron los colores al rostro... Sólo he de decir en mi defensa que no, no fue un caso para fashion emergency, tampoco estoy negado a usar saco y corbata... pero el recibir esa clase de elogios de forma tan constante ese día fue verdaderamente abrumador, muy agradable, pero abrumador.

PD: Chucho... ¿sos profeta o qué?

martes, 6 de marzo de 2007

El pozole con sardina

Entre los recuerdos más queridos de mi infancia se encuentran aquellas visitas de fin de semana al rancho de mis abuelos honoris causa, el pastor Don Eliú Morales y Doña Raquelito Rojas en Villa Guerero, estado de México, una de las zonas floricultoras y apicultoras más importantes del país.

Todos los viernes, antes de partir, íbamos a comer a un pequeño restaurante que se llama Piki, mismo que está muy cerca de la Escuela Normal de Maestros, sobre la antigua ribera de San Cosme, casi junto al Circuito Interior. La especialidad del lugar: el pozole estilo guerrerense.

Cada que platico a amigos y familiares de mis anécdotas en ese lugar coinciden en dos respuestas: "Tú y tus comidas extrañas", o bien, "¿Pozole con sardina? ¡guácala!", a lo que yo respondo: "sí, con sardina, chicharrón y aguacate". Sí bien es cierto que a la vista el platillo no es de lo más agraciado, el contraste de sabores, lo hace único.

Pues bien, después de 20 años --¡veinte largos años!-- volví a visitar ese lugar, aunque esta vez, solo. En aquel angosto local pareciera que el tiempo se ha detenido dentro de él, pues las paredes de azulejos color guinda, la decena de mesas de madera oscura con sus sillas color amarillo, el letrero con tipografía de la década de los 50's que dice "Pruebe su rico pozole con sardina y chicharrón" y hasta las enormes ollas de peltre y de acero con el rico caldo borboteando parecen ser las mismas.

Fue entonces que ordené, a la memoria de mi aviolus putatīvus, el pozole con una orden de aguacate (uno aguacate completo), una orden de chicharrón y una lata de sardina. Para mi sorpresa, la mesera me preguntó: "¿Lo va querer con un huevo?"

"Ah, caray, no sabía que también le ponían un huevo al pozole", respondí.
"Así es como se come en Chilpancingo", me explicó gentilmente la mesera, quien también se fundía con el intemporal mobiliario.

No, muchas gracias, sin huevo... asentí con cierto temor.

En ocasiones como esta siempre me digo a mi mismo: "mi mismo, mi capacidad de asombro no tiene fin".

He aquí la receta:

Pozole guerrerense (para 12 o 15 personas)
  • 12 a 15 litros de pozole blanco ya hecho
  • un manojo de epazote
  • una hoja de hierba santa
  • 1/4 de cebolla
  • 1/4 de pipián
  • 5 dientes de ajo
  • 10 chiles serranos
  • 8 tomates verdes.
  • Comino y pimienta al gusto
Se licúan los tomates con los ajos, la cebolla, la hierba santa, los chiles. Una vez licuada, se fríe la mezcla. En otro recipiente, se disuelve la mezcla del pipían con un poco del caldo caliente del pozole, una vez disuelto, se integran ambas mezclas.

Una vez que ésta se ha homogenizado, se integra poco a poco dentro del caldo de pozole (caldo y grano) y se sazona con la pimienta, sal y el comino.

Se sirve con chiles serranos, cebolla morada picada, chile piquín, orégano en polvo, rebanadas de rábanos, trozos de chicharrón, aguacate, carne de cerdo en trozos o polo deshebrado.

Y como señalé, en Chilpancingo, se le añade el contenido de una lata de sardina en aceite y un huevo cocido.

jueves, 1 de marzo de 2007

Baseball Cards

Mi adolescencia coincidió con la apertura comercial de México al mundo.

Pareciera ahora difícil imaginar que cuando uno quería algún artículo que se vendiese en el país del norte uno tenía tres opciones: o viajaba a gringolandia para traerlo; o se arriesgaba a entrar a Tepito y anexas para comprarlo en el mercado negro; o bien, la más "legal" de todas, ir a una tienda de "especialidades e importaciones" a adquirirlo a un precio mucho, pero mucho mayor del que realmente tenía.

En esos años de cuasiprimer mundo (antes del Error de Diciembre de 1994) donde era novedad comer chocolates milky way, caramelos nerds, el cereal del Captain Crunch y coleccionar latas de refrescos de otros países (¿verdad, Alex S?), otro de los objetos suntuarios que se hicieron muy populares fueron las tarjetas de deportistas profesionales norteamericanos; en mi caso --of course-- de béisbol.

Como buen archirequeterrecontrafan de los Bravos de Atlanta iba los viernes ya fuera a Plaza Lindavista, Plaza Satélite o al Bazar de Lomas Verdes a comprar sobrecillos de 15 tarjetas cada una de las marcas Topps u Upperdeck; o bien a intercambiar las cartas repetidas, con el fin de juntar a todos los 25 miembros de cada escuadra de las Grandes Ligas (son 30 equipos, just do the maths).

El día de hoy leyendo noticias en el portal Yahoo vi una noticia que me causó asombro. Resulta ser que a alguno de los empleados de la empresa Topps tuvo la idea de hacer un fotomontaje en la tarjeta del líder de los New York Yankees, Derek Jeter. En la imagen se aprecia a un presidente George W. Bush de pie ovacionando al referido pelotero, y en la "cueva" del equipo neoyorkino, (casi en la esquina inferior izquierda) tomando un bate, a uno de sus grandes jugadores de la década de los cincuentas: el gran #7, Mickey Mantle.

Deliberado o no, ese pedacito de cartón será la sensación de los coleccionistas y de los fans del equipo más popular --sí lo admito y no me pesa decirlo-- del Rey de los Deportes.

¡Contemplad!

sábado, 10 de febrero de 2007

Soñar en lenguas

De las muchas desventajas de padecer de insomnio, además de no poder conciliar el sueño, --dah-- es el no poder soñar. Se puede dormir, sí, pero no es fáctible alcanzar el llamado "estado de sueño profundo" debido a que se necesita entrar, al menos, en un primer ciclo rem, y para ello se debe dormir de forma continua e ininterumpida alrededor de 120 minutos .

Ahora que estuve de vacaciones en la tierra de las tortas ahogadas, el poder dormir como una persona normal (más de cinco horas seguidas) hizo que volviese a experimentar esas divertidas aventuras de la inconsciencia. Lo que es más, hubo una noche en que soñé literalmente en japonés... con personajes asiáticos y toda la cosa. Sólo recuerdo de mi sueño que, además de no entender ni una palabra de lo que decían, pensé "¿Cómo carambas no está aquí mi amiga Kris para traducir... o ya de perdis el mostro degenerado chacal?"

A la mañana siguiente, le pregunté a mi primo Valdemar cómo había pasado él la noche. A lo que me respondió: "Pues como roncabas tanto, no me dejabas dormir, así que encendí la televisión y me puse a ver una película japonesa".

¡Plop!